lunes, 5 de diciembre de 2016

GOLOSINAS EN MIS BOLSILLOS



En los días que me daba igual estudiar, cuando mis responsabilidades aún estaban llenas de fantasías y diversión, tuve una compañera de colegio maravillosa. La recuerdo como a pocas personas, y todo por una costumbre que comenzó desde su generoso corazón con el ánimo de agradarme. Ella solía introducir caramelos, dulces o chocolates en los bolsillos de mi chaqueta, lo hacía sin que me diera cuenta y solía ser cuando no la llevaba puesta. Me encantaba sorprenderme con esos regalos inesperados de vez en cuando, era genial volver a casa cansado y lleno de tareas en la mente y descubrir un caramelo en el bolsillo de la chaqueta. 

Cuando se convirtió en una costumbre ella desapareció, no acudió más al colegio y fue en una época en la no había celulares ni internet, con lo que prácticamente desapareció de mi vida.

Desde entonces nadie ha vuelto a hacerlo, y mi recuerdo es muy claro, de su sonrisa, sus dos coletas rubias aleteando mientras corría, incluso su ausencia cuando desapareció.

Por ella, o por mí, a veces trato de ser yo quien guarda caramelos en bolsillos ajenos. Aunque estos caramelos no sean dulces, aunque estén hechos de palabras, gestos, o regalos de cualquier índole.

Alguien con  su buen corazón puede cambiarte para toda la vida. Puede ir haciendo un poquito mejor un mundo lleno de complejidades.

Cuando vuelvas a verme, si es costumbre tuya o no, deja tu abrigo cerca y puede que al volver a casa descubras sorprendido que hay algo nuevo en ti, un regalo, que no estás solo y que tu mundo siempre será parte de otros.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts with Thumbnails