martes, 18 de octubre de 2016

PARTE DE LA VIDA



Era una sala abierta, con una luz natural que a borbotones dibujaba en el suelo las venecianas que dormían en las ventanas.  Las paredes blancas y tus zapatos negros, unos pasos taconeando la madera vieja del suelo hasta que finalmente quedaste en el centro de la habitación. Mármol en las estatuas de las esquinas, ilusión de oro en las manillas de cada puerta también blancas. Una lámpara de infinitos cristales sobre ti, chispeante de luces en tus hombros desnudos.

El silencio discreto del que vive alejado de la urbe, sobre el campo en una primavera cualquiera. La visita de un palacio lleno de tronos y recuerdos.

Una ventana se abrió extendiendo su brazo despacio mientras la brisa susurraba entre tus cabellos que eras la más hermosa. Quise música y sin haberla, me quede con la del roce de mis manos por tu cintura, siguiendo el vapor de tus gestos, la mesura de tu rostro enrojecido por el apabullante aroma de los jardines invasores.

No había tiempo en nuestras conversaciones, era el ritmo de las miradas, de aprender a ser inevitablemente parte de la vida.

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