viernes, 1 de julio de 2016

EL VIAJERO



Sus pies eran del color de la tierra, además inmóviles e imperturbables, cuando se detenía parecía que siempre hubiera estado ahí. Había viajado más que el viento y solo se detenía en algún que otro semáforo rojo dándose tiempo para pensar cuál sería su siguiente destino.

En uno de sus viajes mas inusitados compro un aroma, uno que le fascino, desde entonces siempre lo llevaba consigo, incrustado como cristales en su piel. Eso le cambió, decía que le hacía más humano ante los nativos de todos los lugares a los que llegaba. Yo sé que el aroma no importó, cuando murió y su lapida pesaba sobre el suelo, nadie recordaba ningún olor, pero si lo hacía de cómo empezó a comportarse desde que dijo usarlo.

Muchas veces, diría que casi siempre, es más importante el cómo nos hacen sentir las cosas, que las cosas en si mismas.

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