martes, 24 de noviembre de 2015

LAS PEQUEÑAS ILUSIONES

Recuerdo la mermelada sin azúcar de la calle de las casas rojas que había junto al trabajo. Recuerdo el aroma de vainilla que al pasar por la heladería me provocaba siempre y me permitía encontrar instantes de paz entre el calor y los pensamientos que se asumen en las distancias.


Entre ambos recuerdos pasaron unos años de decadencias y crisis, otros de bendiciones y reencuentros. Siempre fui hacia arriba construyendo con ideas un mundo que parecía ante los que estaban cerca de mí, más perfecto.


Pero las ideas nunca fueron buenos cimientos a largo plazo. Hoy compro unas galletas de trigo azucarado en un centro comercial del barrio antiguo de mi ciudad, son buenas para mi salud y me gusta mucho su sabor. Serán un recuerdo gratificante cuando mi senectud me cobije, ya no tengo tantas ideas, al menos para compartir. Pero lo que si es cierto que mientras sepa apreciar las pequeñas cosas de la vida, podré tener ilusión por las grandes.

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