martes, 4 de agosto de 2015

DIFERENCIAS CULTURALES

A lo largo de mis viajes he podido comprobar en numerosas ocasiones los estragos que supone la diferencia cultural, o a veces las maravillas que puede  aportar. Una de las veces que más conmovido me ví, a la par que sorprendido y dolorido, fue hace aproximadamente unos nueve años en Marruecos. Esto fue lo que sucedió.


Estaba orgulloso y feliz con mi nueva pareja, se llamaba Meryem, era originaria de Casablanca, concretamente de la zona de Mohammedia. Era inteligente, había terminado sus estudios en España y podía decirse que era una de las mujeres más lindas de allí, tenía el cabello negro y lacio que la recorría enteramente y unos ojos grandes, oscuros  tremendamente expresivos. Por si esto no fuera poco, además era hija del gobernador de la ciudad de Fez lo que ante mí la confirmaba como una princesa árabe, dándome la sensación de estar en un cuento de las mil y una noches.

Llevábamos juntos apenas tres semanas y aun con la distancia yo volaba a de Madrid a Casablanca a verla, era muy emocionante. Lo cierto es que el germen del amor empezaba a crecer y apenas nos habíamos besado unas cuantas veces, la concupiscencia era algo que profesaba una espera necesaria.

Cuando llegue al aeropuerto de Casablanca, vino a recibirme un hombre de piel morena no muy alto, lo que más me llamaba la atención era el "tarbush" rojo que llevaba en la cabeza. Con él fui hasta un Mercedes negro, donde un hombre igualmente vestido pero mucho más grande me abrió la puerta.

Al llegar a la mansión pude darme cuenta mientras las puertas blancas se abrían que una decena de criados corrían a ocupar sus posiciones. Ella me había contado que la fascinaban los animales, que tenía papagayos, pero al entrar realmente quede absorto, pues fue como la entrada a un pequeño zoológico. Sí, había papagayos, loros, micos, unos cuantos perros, y un tigre, dentro de una inmensa jaula, mirándome de una forma que me dió hasta miedo. Era excitante todo aquello.

Salí del coche y bajaron a recoger mi equipaje, ella estaba sobre las escaleras, hermosa, vestida con un "Jabador" blanco, me miraba y apenas sonreía, demasiada gente miraba. Sus padres estaban de viaje en Marrakech lo cual nos dejaba solos, con un ejército de criados claro.

Me saludó con un medio abrazo, sin beso, lo eche de menos la verdad, recatos de estar en público. Subimos al segundo piso de la mansión y pensé que iríamos directamente a mi habitación donde podría darme una buena ducha, pero no fue así, llegamos al cuarto de baño más grande que nunca había visto, era mas grande que todo mi apartamento, lleno de espejos, lujos y en el centro una tina enorme de cerámica blanca y patas de color oro.

La puerta del baño se cerró y quedamos dentro mi novia y yo, y una señora que formaba parte del servicio y  me miraba fijamente. Mi equipaje siguió otro rumbo.

Entonces Maryem me habló y lo primero que dijo fue preguntarme como me había ido el viaje, lo inmediatamente segundo que me dijo fue una orden, una orden que me dejo inicialmente helado, me pidió que me quitara la ropa.

En el momento que recibí la orden miré incómodo a la señora que tenía delante, entonces Meryem sonrió y la indicó que se marchase, que nos dejase solos en aquel inmenso baño. Nuevamente me pidió que me quitase la ropa, esto me avergonzó realmente, antes no habíamos estado desnudos y así de repente nada más bajar del avión, aún tenía los ojos del tigre sobre mí dentro de mi cabeza.

Me desnudé, dejándome la ropa interior puesta. Ella me volvió a indicar que me lo retirase también. Yo pensaba un montón de cosas y a la vez ninguna, pero no podía remediar pensar que aquello, era muy erótico, que ella estaba hermosa y que podría ser grandioso.

Una vez desnudo del todo, ella apuntó su mano hacia la tina, estaba hasta arriba de agua, me acerqué. Nuevamente me animó a que me metiese en la tina, pero el agua estaba hirviendo, no quería entrar en se agua achicharrándome, ella insistía explicándome que debía ser así, que era necesario.  Recuerdo que el proceso mi mente había expresado cosas que no dije, “¡se me van a cocer los huevos!”, en un momento grité hacia mis adentros.

 Me ví ridículo desnudo y quejándome mientras mi cuerpo se sumergía en esa agua vaporosa y cristalina, una vez que mi cuerpo se aclimató me sentí más relajado. Fue en ese momento que ella se acercó y se sentó junto a la tina, había una cesta de mimbre con jabones, aceites, y diferentes esponjas. Se remangó dejando sus brazos blancos al descubierto, tomó una de las esponjas y la cubrió de jabón, después vertió en mi espalda aceite y comenzó lo que podríamos llamar un masaje.

Pudo haber sido grande, pudo haber sido uno de los momentos mas lujuriosos y perturbadores de mi vida, realmente el paisaje y toda la belleza que me rodeaba apuntaba a ello. Pero no lo fue. En mi vida me había frotado tan fuerte, con el agua tan caliente, y con un estropajo áspero que rayaba mi piel, que me arrancaba los rastros de piel muerta que pudiera tener desde los cinco años. Se terminó convirtiendo aquello en un calvario que yo deseaba que acabase. Terminó de destrozar todo mi cuerpo mientras con su dulzura y delicadeza a veces sonreía.

Era impensable que una criatura así pudiera torturarme de esa manera.

Terminé descansando en mi habitación, dolorido, con multitud de picores, decepcionado.

Un tiempo después nos enamoramos, después nos dejamos, las diferencias culturales fueron muy grandes en esta relación. Lo cierto es que según su cultura aquel día que me ungió en la tina, yo era su pareja y llegaba de viaje,  ella debía eliminar todas mis impurezas y asearme bien, me necesitaba limpio. Los días posteriores a aquello, obviamente me recupere rápido, y todo fue divinamente.


Ella soñaba con circuncidarme y yo no quería hacerlo, aunque esa también es otra historia.

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