miércoles, 8 de julio de 2015

LOS LIBROS ROBADOS

Cada tarde se lleva un libro, deja un hueco en la enorme librería que recorre el salón de mi casa, y no lo regresa. Pero de vez en cuando hablo con ella y cuantos más huecos tiene mi biblioteca las conversaciones que sostenemos son más inteligentes. Se vuelven más profundas, más emotivas y apasionadas, llegamos mas allá, y eso me hace feliz, pues mis sentimientos hacia ella están llenos de intereses.


A veces trato de orientarla, de ayudarla a escoger el próximo texto a leer. No se deja, decide ser como el aire e ir acariciando el lomo de cada libro hasta que escoge uno. No sé si cuando me escogió a mí lo hizo de la misma manera, si tal vez, me está leyendo y no me devolverá.

Tengo un lugar predilecto para leer, un cheslong  de pino arrinconado en una esquina fría del salón comedor, siento que allí me retiro y ni los relojes me ven, a pesar de que vivo solo. El silencio suele ser el abrigo de cada palabra que leo y dibujo con mi imaginación.


Pero desde que ella llego a mi vida y va poco a poco robándome cada libro, mi sitio preferido para leer esta en sus ojos.

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