viernes, 24 de abril de 2015

EL ENCUENTRO

Era una mesa circular donde esperaba, al aire libre, y el sol dejaba su sombra con forma de interrogante alargado enroscándose entre sus piernas. Esperaba. Era una cita que nunca había tenido con alguien que apenas conocía, pero a pesar de ello sus pulmones se llenaban de un perfume exquisito que podría llegar a ser inolvidable.

Aquel día había desayunado  para dos a pesar de que en el hotel estaba solo, era un día placido lleno de respiraciones profundas y del ávido deseo de conformar nuevos recuerdos para días venideros.

Finalmente llegó ella, como si fuera una hoja cayendo del árbol que había junto a la mesa, con sutileza, con la mirada anclada en él como si el entorno le dará igual. Era hermosa y sus pasos eran precisos, con el sonido del taconeo justo, con los hombros de piel brillante iluminándola y las rodillas abotonadas por telas multicolores.

Me contuve tratando de archivar ese instante como un recuerdo de los más agradables, pero mi cuerpo se alzó catapultado hacia ella, con el magnetismo necesario para abrazarla en un saludo de bienvenida que era lo más próximo al beso del primer deseo.


Después del saludo clerical, la tierra siguió rotando y el sol quedo atrás. Ya no había interrogantes solitarios, ya nadie estaba solo.

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