lunes, 16 de diciembre de 2013

LOS DIFERENTES CAMINOS DEL PERDON




Fue una conversación fluida y llena de ímpetu desde un comienzo en el que los temas aparecían concatenándose hasta en las mismas frases, era hermoso el ritmo junto a  la dinámica dialéctica, las maneras exquisitas de ella y la luz que irradiaba hicieron de aquella tarde un lugar donde quedarse.

Hablamos del perdón, de cuando realmente uno lo hace, pues hay diferentes opiniones al respecto o mejor diría que hay diferentes niveles donde uno presupone haber perdonado. El extremo quizás sea como ella argumentaba lanzando sutiles verbos entre sus labios, el que dice que no se perdona hasta que no se olvida, o incluso hasta que no hay ningún tipo de resentimiento. Yo no podía estar más en desacuerdo.

El perdón según creo le dije, llega cuando uno perdona, cuando el gesto de la persona decide que el error cometido del otro sobre uno mismo puede albergar comprensión o incluso misericordia, en cualquier caso asumir que los múltiples caminos de la vida y sus infinitas opciones nunca son entendidas de la misma manera por todos. Desde mi punto de vista el perdón no tiene nada que ver con el olvido, pues este es un tema aparte de que debe tratar uno mismo, analizando las repercusiones de lo perpetrado.

Diferencio tan solo el perdón como el momento en que liberas a quien te ofendió y en gran parte a ti mismo con ello, pero aun queda tu propia liberación que es la de afrontar los hechos acontecidos, pues no es lo mismo perdonar un insulto que una puñalada, ambos los puedo perdonar, lo que no puedo hacer es reponerme de la misma manera de una cosa que de la otra.

Las cadenas pesadas que uno lleva sobre los hombros en la vida, pueden tener que ver con no haber perdonado y mantener un rencor latente, o simplemente con haber perdonado pero aun así no tener superado un evento determinado, ambas cosas se tratan, pero son diferentes, y el vínculo inicial que pudieran tener se pierde con el tiempo.

Considero que soy un amante de la vida, y se perdonar, lo hago de manera natural sin que implique en ello mucha reflexión y aunque por desgracia los efectos de determinadas acciones sobre mi permanezcan al menos un tiempo y me cueste desalojarlas de mi memoria.

Después de la charla enriquecida por miradas cultivadas y labios acudiendo al roce de las tazas de café para acompasar la velada, ella volvió a reiterar que no separaba el perdón del resentimiento y el olvido.

Abandonamos la tarde con silencios y discontinuas reflexiones de pensamientos que se evaporan, dejamos entonces que cada persona decida en su vida como separar sus perdones.

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