miércoles, 20 de noviembre de 2013

EL MUSICO INCOMPLETO



En toda la historia del mundo ha habido casas grandes como castillos o palacios, casa pequeñas como madrigueras, unas lujosas, otras alegres, arquitectónicamente perfectas, pero nunca ha habido una casa como la que tenia Claudia.

En el borde de un precipicio asomaba su casa con un jardín repleto de “hierba de mariposa”, aquel lugar era muy conocido debido a que la forma de dichos acantilados permitían una magnifica acústica para cualquier instrumento que desde ella se tocase. Cualquier sonido era elevado y limpiado de una manera fabulosa, los mejores compositores y músicos del mundo deseaban ser invitados, poder rastrear nuevas melodías y soñar con notas musicales casi imposibles.

Claudia era una mujer llena de virtudes, con una capacidad grande para las labores sociales y la diplomacia, ella estaba enamorada de un músico que ante el piano era un verdadero genio y solamente permitía que el acariciara las ochenta y ocho teclas su piano transportándola entre acordes y sueños a los lugares más hermosos, ella le amaba estando dispuesta a hacer cualquier cosa por él, incluso cerrar aquella casa para cualquier otro músico.

En los atardeceres recortados de fuego con el sol anochecido, y aves silenciosas retomando vuelos cruzando el mar hacia su nido, aquel músico privilegiado llenaba los acantilados con la música que iba creando, adagios en las teclas blancas de azúcar y sostenidos acompañados en teclas negras, grupos de amantes de la música se asomaban y escuchaban anonadados acercándose a la casa,  Claudia escuchaba aletargada y embriagada al mismo tiempo, soñaba, era feliz.

Los días estaban llenos de alegrías para el músico, pues su musa era también  la mujer que mas amaba, aunque  poco a poco la presión de la  prensa exigía cada vez más que otros artistas elevados pudieran aprovechar semejante maravilla de la naturaleza haciendo de aquel lugar el de otros. Tal ansiedad fue haciendo mella en su alma, su corazón entregado temía que llegara algún día que fuera alejado y proscrito de allí o avocado a la simpleza que ofrece ser uno más, y todo esto llegó al punto de notarse en su música, notas equivocadas, pausas malogradas, era terrorífico para él pensar que su amor, Claudia, pudiera llegar a  amar a otros músicos, y sus manos dejaron de ser las de un maestro, eran las de un niño. Ante semejante cambio las gentes que se acercaban empezaron a imponerle un sobrenombre, le decían “el músico incompleto”.

Buscar la magia melódica del piano se había convertido en una tarea casi imposible, la tristeza era su semblante y como con todas las cosas negativas que pasan en la vida cada vez se sentía peor, caía a un vacío que el mismo había imaginado. Claudia entristecía, sus días de felicidad se habían truncado, algún atisbo de decepción mellaba su amor, aun así decidió apoyarlo, darle lo mejor de ella para que recuperase su genialidad, le dio más amor que nunca,  pero el músico no podía ver eso, solo podía ver su incapacidad para crear  y que ello le llevaría a perderla para siempre. Se obsesionó.

Sin que ella supiera nada, empezó a ir a otros lugares distintos a tratar de arrancarle al piano lo que había sido siempre, azoteas elevadas, patios de té, salones románticos, le invitaban día tras día, pero aun así aunque había tenido destellos de mejora,  no se recuperaba, y no solo eso se estaba alejando de su amor, la cual siempre había conservado su casa como un templo solo para él. Y así fue como alguien terminó llevándole la noticia  a Claudia de que su músico vagaba entre antros y terrazas errante en un laberinto de acordes inalcanzables.

Ella quiso acercarse a él, le quiso decir que nunca lo abandonaría pero tan sólo se miraba las manos con la espera de un milagro que nunca llegó a suceder.

Pasaron los meses y todo seguía igual, al llegar la primavera y de nuevo el buen tiempo Claudia decidió dar un concierto en su casa, uno del que se hiciera eco cualquier lugar del mundo, muchos músicos llegaron entregados a sus instrumentos y dieron lo mejor de ellos, fue hermoso, aunque nunca como los atardeceres con su músico incompleto.

Aun así, hubo más conciertos y en una ocasión Claudia conoció a un virtuoso de la flauta, no era un gran artista pero lograba alegrarle los días en su casa creando nuevas  ilusiones,  la gente de nuevo acudía a sus alrededores para escuchar, Claudia con el tiempo dejó de dar conciertos y solo permitió que fuera el flautista el único que acudiera.

El pianista seguía aturdido en sus composiciones, pero ahora además aquello que tanto temió era realidad, Claudia se había alejado de él. Entonces detuvo su música y empezó a vagar por caminos y senderos lamentándose de lo ocurrido hasta que topó con un anciano viajero, que entretenía a los que pasaban creando melodías desde unos cuencos de agua, estuvo un buen tiempo observándolo, hablaron de música y hablaron de amor, hablaron de la vida, de las prioridades en ella y lo que realmente importa. Descubrió que sus propios miedos le habían llevado a perder lo que más amaba, y que cuanto había dudado mas había perdido, que necesitaba completarse él como ser humano antes de poder crear una música verdaderamente completa.

Regresó a las puertas de la casa e Claudia pero ella ya no quería saber de él, aun lo amaba, aun sentía el recuerdo palpitante de cada tarde a su lado, pero el dolor de lo que había ocurrido, de su abandono, y las ilusiones creadas por el flautista la impedían abrir la puerta, incluso la de su corazón.
El "músico incompleto" que ya no lo era dispuso si piano junto a la casa, y estuvo tardes y tardes componiendo melodías hermosas y llenas de amor, estas melodías no tenían el efecto del acantilado, eran puras, pero Claudia ya solo quería escuchar al flautista cuya música mediocre había complacido su despecho y ahora la daba tranquilidad.

Un día finalmente, el pianista desapareció, nadie sabe bien donde fue, ni siquiera se conoce si volvió a hacer música, pero junto a la puerta de la casa de Claudia dejó su piano y una gran cantidad de obras creadas que nadie jamás pudo tocar, tan solo una nota pequeña y arrugada decía:

"Quise tener en la música el destino de nuestro amor, pues la propia duda y su tormento me hizo alejarme, cuando pude hacer que el temor muriese comprendiendo lo que se recibe, lo que por amor a uno le es entregado y como debe uno vanagloriarse, ya fue tarde. Aún así seguiré componiendo entre mis labios con acordes que solo digan lo mucho que te ame"

3 comentarios:

Brisa dijo...

Muy bonito el relato... triste pero bonito.

claudia patricia dijo...

Que hermoso cuento, que lindas palabras... Tal vez Claudia aporto lo que tenía, se quedó sin nada más para el músico, no se percató de guardar un poco para después... y por eso decidió dejar que el músico continuará con su búsqueda, se llenará en otros lugares... Tal vez Claudia era solo un instante en la vida de aquel músico, un instante inolvidable, pero el fin y al cabo un instante...que serviría para fortalecerlo, para que se diera cuenta lo bueno que podía ser, para que entendiera que no estaba derrotado y a hora viviría sin ella, en otros lugares encontraría más de lo que ella le dio, ubicaría otras inspiraciones, entonces ya no tendría una... tendría miles... y así aquel músico se convertiría en uno invencible, en el mejor de todos, sus conciertos, no requerían de la casa acústica de la casa de Claudia para ser escuchados, eran maravillosos en todos los espacios, sin importar el tamaño, ni la luz y menos la ubicación, la música de aquel músico, podía hacer sonreír el alma de todo el que la escuchará, nunca nadie produciría melodías tan maravillosas... GRACIAS José tus palabras inspiran.

Jose Francisco Delgado Abad dijo...

el músico siempre amara a Claudia, y no es invencible, lo único que lo es es el amor. El flautista es un farsante que con el tiempo caerá.

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