miércoles, 26 de junio de 2013

SED



Sed repartida en segundos como si fuera un arpegio de desesperanzas,  sed de vida en una garganta llena de astillas encendidas, sed que duerme,  te olvida y deja ir muriendo.

Sed del que no sabe y necesita hacer, del perdido que precisa encontrar, sed del amante desatendido.

Sed de cumbres alcanzadas con la mochila vacía, del que llega a sabio y pierde por errores banales.

Sed de miedo para apreciar los días que se viven, sed de riesgo para lo mismo, sed del otro cuando tiene lo que queremos.

La sed llega cuando necesitamos algo para seguir, para vivir, y no se calma con un solo vaso de agua a menos que veamos aunque sea de lejos la fuente.

2 comentarios:

Brisa dijo...

Esa sed por vivir, solo se logra viviendo y creo que quién vive, bebe y quién bebe, acaba descubriendo lo cerca que está la fuente y ya no necesita buscarla más y deja de tener sed.

Lo has escrito muy bonito, tanto que el desierto parece dejar de ser una amenaza.

Jose Francisco Delgado Abad dijo...

Pues asi es, pero que bueno es tener sed, y saberse sediento

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