jueves, 16 de mayo de 2013

EL HOMBRE NULO



El cielo raspado como una vieja pared no parecía moverse,  el aire era casi vapor, la madera seca de mi terraza se retorcía y al mover mi silla parecía muda.
Solo tenía una pregunta en la cabeza, la de la encrucijada, porque hice esto si debí  hacer lo otro, algo así, a pesar de mi gradual satisfacción en la vida en ocasiones me asaltaba un pensamiento orientado a obtener un resultado diferente, una versión distinta de mi y de mi vida.
Hace poco leí en un libro de tintes existencialistas una reflexión hecha por unos de sus personajes: “Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: «Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.» Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.” La desidia inusitada de ese texto me hizo pensar muchas cosas en mi vida, pues llega un momento que nos hacemos insensibles, que tendemos a la nulidad, y de hecho así debería de ser si tenemos en cuenta la inmensa cantidad de cosas que nos afectan  y de qué manera lo hacen. 
Tal vez por hartura uno se asemeja a un muñeco de madera, se vuelve algo en vez de alguien, pero habría que analizar en cada caso hasta que punto eso es necesario.
Y mientras la tarde cerraba su parpado verde hacia la noche, seguía escuchando frases sueltas que a lo largo de mi vida habían detonado mis sentimientos, que habían perturbado momentos insignificantes haciéndolos únicos y grandiosos.
Pero ya me daba igual, a pesar de mi insensibilidad era feliz, pues casi me había convertido en un hombre nulo.

1 comentarios:

madison dijo...

Siempre existe la duda. quizá si hubiésemos callado, o puede que hubiese sido mejor hablar...
Sea como fuera lo que si es cierto es que somos el resultado de nuestras experiencias.
Un abrazo José

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