jueves, 23 de mayo de 2013

AMOR Y ETERNIDAD



La conocí de una manera muy peculiar, se encontraba inclinada entre dos lapidas buscando sus parientes pretéritos, y me encanto verla de aquella manera a pesar de ser un cementerio se encontraba de lo más sensual, y desde luego mis pensamientos fueron los de un romántico lascivo. 
Su falda estaba llena de botones enormes y anaranjados que me miraban fijamente interrogándome sobre si ese sería el mejor atuendo para estar allí, pero lo cierto es que nada debía de estar allí excepto los propios muertos, era como un cuadro bucólico  con el marco equivocado.

Los días siguientes fueron de encuentros esporádicos, una vez me aprendí su nombre se convirtió en mi amante, y entre los cálidos balanceos de su cuerpo dejamos que nuestra soledad quedara sepultada en el mismo cementerio donde nos conocimos.

La tuve para toda la vida, y hasta el día de mi muerte siempre tuve la sensación de que gracias a que nos separaban muchos años, cuando llegase a hospedarme en este campo santo ella estaría viniendo a visitarme de la misma manera que la conocí, inclinada ante mí, sensual, provocativa, tan sobria y hermosa.

Así que imagino siempre  el día de mi muerte como el día donde reencuentro a mi amor, y así seriamos únicos, hermosos y olvidados, dentro del circulo de la eternidad, siempre juntos.

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