martes, 18 de septiembre de 2012

EL PLACER DE SER IDIOTA


Ayer soñé que tenía cuatro brazos y mientras caía al vacío suplicaba por tener alas.

La vida lleva nuestros recorridos de esquinas para sorprendernos,  para que no caigamos en la monotonía de lo habitual, de lo lógico incluso, nos hace daltónicos para los sentimientos, para el cálculo inexacto de la vida de mañana.



Y el mundo está lleno de idiotas, de ejércitos de idiotas que nos rodean y nos emboscan para ofrecernos el puro egoísmo de su naturaleza. Se agazapan unos para la sorpresa y otros simplemente tratan de ocultarse tras un cristal de total transparencia.

En latín la palabra "idiota" apunta a un ser ignorante, algo que es muy habitual en nuestros tiempos, posteriormente fue una palabra análoga a la de "profeta", algo de lo que mejor no se enteren los islamistas menos sapientes o mismamente idiotas. En cualquier caso hoy en día un idiota es aquel que padece  un retardo agudo mental, pero estos no son los que me interesan en este caso, más bien los otros, los que popularmente y poco afectivamente son idiotas.

No hay día que no lidie con un idiota, y en ocasiones frente al espejo incluso me he llegado a preguntar si yo lo sería en algún momento, algún día pensé que sí, aunque la clave de todo esto es  pensar que si uno es idiota frente al espejo más de tres días seguidos, pues entonces es que algo realmente en tu vida va mal.

2 comentarios:

Soraya dijo...

Ya me estaba preguntando si yo pertenecería a ese grupo... por suerte yo no me lo pregunto frente al cristal más de tres días seguidos ;). Un abrazo.

Jose Francisco Delgado Abad dijo...

estoy seguro que no eres de ese grupo, faltaria mas

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