martes, 27 de marzo de 2012

DESESPERACIÓN

El presidente de una gran compañía llegaba a la cena aniversario en la que se celebraba los cincuenta años de vida de la empresa, llena de éxitos. En este momento la situación de la compañía no era buena, se encontraba en una gran crisis que según se decía no superaría
. Pero el tenía absoluta confianza de salir adelante, y por ello el discurso que realizó ante los mas de dos mil empelados fue muy diferente a lo habitual: “En abril de hace más de cinco años fui raptado, nunca supe la razón realmente y no tengo muchos recuerdos de lo que ocurrió, pero lo que nunca se me olvidará es como escapé de allí.” Y así continuó su discurso:


“La habitación estaba oscura, pero como si nunca hubiera habido luz en ella, como si hubiera sido tragada por el mudo estómago de un agujero negro. Daba igual parpadear y mis oídos no estaban preparados para todo esto, el silencio era tremendamente envolvente, solo se escuchaba de vez en cuanto un goteo compulsivo que parecía golpear el suelo, y nada más. Tenía miedo, pero era un miedo diferente al de otras ocasiones, este era especial, era intenso, húmedo, daba frío, me dejaba inmóvil sin apenas poder enlazar un pensamiento con otro, era el miedo que siente alguien cuando realmente teme por su vida.

Mi corazón parecía querer subir por la garganta y recordaba cosas, frases, -respira por la boca y así tu respiración no se escuchara prácticamente-. No parecía tener brazos, era solo un bloque de carne que quería salir de allí.

Aproximadamente cada cinco minutos calculaba yo, una luz tenue aparecía por debajo de la puerta que debía llevar a la salida de la habitación, al menos esa era la sensación que daba, quería sincronizarme con esa señal y acercarme poco a poco pero no conseguía moverme.

Escuché como una cucaracha caminaba por el suelo de madera, parecía rascarlo, seguramente también buscaba la salida. El goteo regresaba cada vez que me inclinaba, ese era su patrón, ¿por qué?.

Empezaron a llorarme los ojos, me di cuenta que los tenía desde hace rato absolutamente abiertos, lágrimas de horror que recorrían mis mejillas y al pasar por mis labios no dejaban un sabor salado, era el mismo sabor que tenía ya en mi lengua, el de la desesperación, dulce pero aterrador.

Me incliné nuevamente con el balanceo de un impulso leve, y el goteo regresaba, pude por fin mover mis manos desde mi petrificado cuerpo, y note como una de ellas estaba cálidamente húmeda, sangraba, me estaba desangrando y no podía huir.

Otra frase me abordaba, -llena tu mente de imágenes placenteras, equilibra la situación-, traté de hacerlo, pensé en el amor, pensé en niños riendo, pensé en momentos maravillosos de la vida, y fue de un solo movimiento que me encontré de pié. Un paso, arrastraba los dos pies hacia la puerta, era un paso cada cinco minutos, cuando una pequeña señal de luz aparecía por debajo de la puerta.

Ya debía estar muy cerca, era difícil calcular la distancia, así que alcé un brazo mientras andaba y me mantenía esperando de nuevo la señal luminosa cuando volví a llorar. Pero fue unos instantes después de que me estremeciera de nuevo cuando noté en la punta de mis dedos la piel humana y sudorosa de alguien más, alguien más silencioso que yo, mi cuerpo comenzó a temblar desde mis piernas y mi corazón ahogaba mi garganta. Podía sentir su aliento y su calor, sus manos se acercaron a mi cabeza despacio pero como si me vieran perfectamente, podía oler la orina que segundos atrás había descendido por mis pantalones, sus dedos palpaban mis sienes buscando una conexión, y de un tirón arrancó de mi rostro la venda que me cegaba.

Ya no había oscuridad, era una penumbra bien contrastada y en ella una pequeña habitación, mi cuerpo estaba roto, deshecho, golpeado con rabia y desesperación. La figura que había despertado mis ojos cayó al suelo de rodillas, sollozaba, pedía perdón, se encontraba entre mí y la puerta. No le conocía, quise avanzar un poco más, mi cuerpo se desmoronaba al rodearlo, caí de rodillas junto a él, y fue ahí cuando vi su mirada, su demonio, no recuerdo bien como fue pero mis brazos lo rodearon, con la mano izquierda agarré mi codo derecho y apreté con apenas fuerza, con rabia, con la ira que me causaba tanto dolor, y sentí su piel rozar la mía mientras dejaba de latir. Otro pasó más, y después otro para lograr abrir la puerta, un golpe de aire frío entro en aquel lugar mientras por la calle pasaban los coches. Era de noche, y finalmente pude escapar de aquel lugar”

Después del relato todo el mundo permaneció en silencio, horrorizados, pensativos, pero desde luego sabían que aquel hombre haría lo posible para salir de la situación en la que se encontraba la empresa. Pasara lo que pasara.

3 comentarios:

emejota dijo...

Así es la vida de los supervivientes. Bs.

claudia patricia dijo...

también se me detuvo la respiración, mientras mi corazón se acelero un poco, tratando de recrear la situación con todo y emociones vividas.

Soraya dijo...

El sufrimiento ajeno, nos hace ser envidioso de la fortaleza adquirida por otros. Y aun así somos desconocedores de lo que les ha llevado a ello. Un abrazo!!

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