viernes, 30 de diciembre de 2011

Una razón para vivir (calles oscuras)

La noche estaba rota como si le hubieran dado una pedrada al escaparate de la señora Luna, aún se podía oler la tapicería del coche nuevo entre el de los vómitos de la mujer  inconsciente en el volante y el de mi pantalón quemado por el que rápidamente se había  secado la sangre que salió a presión de mi pierna justo en el momento del golpe, de estrellarnos en aquel  muro pintado de un callejón de mala muerte.

Menuda noche de fin de año, comenzó con mi garganta recorrida por un champan lleno de diminutas burbujas y  la mirada puesta en los pechos de una mujer expuesta a mi lascivia, era una gran comienzo para mí, poder beber hasta reventar y no hacerlo solo.
Abrí la puerta del coche, apenas se escuchaba nada y pude tenerme en pie, genial me largaría de allí, lejos
de la estúpida boba llena de alcohol que prefirió  salir a buscar una razón para vivir antes que destrozar nuestra piel en la cama de un motel, quería buscar la puta navidad, eso creo que es lo último que me dijo como si realmente me importara.

Eché una última mirada dentro del coche, parecía medio muerta de no ser porque entre sus enormes pechos, que le debían haber salvado la vida, parecía latir un corazón lleno de calor humano y un gran montón de mierda navideña. Joder si hasta estaba sexy con el vestido medio rasgado, pero la noche estaba por terminar y la oportunidad era otra, la de marcharme y olvidar durante el resto del año la dichosa noche vieja. Lo cierto es que ella no me importaba y apenas recordaba una silaba de su nombre, así que adiós  y que la noche termine dándote una vida mejor.

Mis pasos eran lentos por la cojera que produjo la herida de mi pierna pero me daba igual, tal vez tomaría un taxi y le diría que me llevara al polo norte a ver si así regreso a la niñez donde debía ser el tonto de la clase, pues nada me contaron del mundo que tenía delante.

Ya estaba al otro lado de la calle cuando desde el coche accidentado salió la señorita navidad sin saber ni donde estaba, tardó unos segundos en ubicarse, parecía estar entera y por desgracia me vio, “espera” me dijo, y trato de ser rápida con los pies descalzos en la fría acera de esta ciudad invernal, llego a mi, joder no me pude escapar, me dio un abrazo, aún olía al champan que habíamos tomado mezclado con algún perfume de nombre ridículo. Me miró a los ojos y me dijo que todavía debíamos buscar su razón para vivir , su navidad, joder puta loca, realmente era así y no era por culpa del alcohol, pero que razón para vivir quería buscar si la vida estaba hecha  de mierda, llena de momentos en los que uno prefiere no haber nacido, si cada día me duele como si me rompiera un hueso.

Me tomó de la mano y me dijo  “ven, es aquí cerca”, no quería ir pero parecía en ese momento tener mas fuerza que yo, me arrastró como si fuera un muñeco de  trapo hasta un portal cercano, menos mal que había ascensor para subir al quinto piso, cuando llegamos llamó a la puerta, varias veces , finalmente alguien abrió y la reconoció inmediatamente, intercambiaron unas palabras, unos gestos de nerviosismo y finalmente la señora se marchó, la puerta quedó abierta dejando que el calor del hogar nos rodeara adormeciendo nuestros sentidos.

No tardó demasiado en regresar pero aunque estaba intrigado por aquello no aguantaba más, aquella anciana nos hizo pasar y cerró la puerta de la calle, una vez dentro ambas mujeres miraban hacia la parte superior de la escalera del dúplex en el que estábamos, estaba todo muy silencioso y esperaban algo. Unos segundo más tarde se veía una pequeña sombra acercándose, a la dama boba que tenía al lado se le llenaron los ojos de lágrimas, un piececito se posó en el penúltimo escalón y tras él una niña con un pijama amarillo y frotándose los ojos empezó a bajar las escaleras, llevaba arrastrando de la oreja un peluche azul. Empecé a preguntarme que cojones hacía yo allí. Cuando llegó a nosotros ella la abrazó, sus abrazos estaban llenos de carne, y posiblemente de algún tipo de amor codificado en un idioma que desconozco. Se giró, giró su estúpida cara y me dijo:

“esta es mi razón para vivir, mi navidad”

Después de aquello me marché de aquel lugar, si tanto quería aquello ¿que hacía en la calle bebiendo y conociendo hombres?, si tanto amaba aquello ¿porque lo dejaba para salir a llenarse de la porquería del mundo?

Quizás vio durante un instante que la vida se le iba.

En cuanto a mí que mas da, posiblemente sea peor que nadie, o quizás no exista, normalmente me confundo con la parte de las sombras en las calles o a veces incluso soy simplemente algo conformado por alguien que deja ir muriendo su parte oscura.

2 comentarios:

Liliana G. dijo...

Qué historia tan dura. Dos personas que salen en busca de sí mismos, de algo que les falta, como si una noche pudiera devolverles la vida. Y en cuanto a la mujer, así fue, el golpe se la había devuelto. Pobre del hombre que sin incentivos a la vista sigue sus propios pasos, se revuelca en sus propia autocompasión y por ello no va al encuentro de un horizonte mejor..

Un buen cuento para reflexionar, José Francisco.

¡Feliz 2012! Que este año tus sueños se encuentren con tu realidad.

Un beso grande.

Juan Risueño dijo...

La soledad es un invento de la vida, incita al vicio de no ser.

Saludos Jose Fco.

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