lunes, 19 de diciembre de 2011

EL PRIMER ARBOL DE NAVIDAD DEL MUNDO

Tenía ocho años y su pequeño corazón tenía más azúcar que mil bolsas de caramelos, para muchos era una niña casi invisible a pesar de que era linda y las pocas veces que hablaba conseguía encantar a quien tuviera delante, tenía los ojos verdes y vivos como una llama de fuego esmeralda y sus mejillas eran redondas como dos manzanas rojas.


Como todos los niños adoraba la navidad,
ella veía como toda su vida se transformaba en algo maravilloso, lleno de colores, de dulces, y como su madre dejaba la casa preciosa llena de lucecitas en cada rincón, le encantaba esas noches en que juntas se abrazaban y con las caritas juntas solo miraban como el fuego del hogar jugaba en el aire hasta que la madera se convertía en ceniza. Lo único que siempre la entristecía era el hecho de que no estaba su padre, dos años atrás se marchó y nunca volvió, cuando su madre hablaba de ello siempre dejaba asomar una lágrima en su rostro.

Pero esa navidad ella había decidido que quería hacerle un regalo a su padre, estuviera donde estuviera. Para ello en varias ocasiones le preguntó a su madre sobre él, pero no había respuesta, así que decidió que si ella era una niña que necesitaba de su padre obviamente en navidad habría un padre buscando a su niña.

Cuando iba cada mañana al mercado, al pasar por la plaza solía encontrarse murmurando un viejo junto a la fuente, no conseguía entender las palabras que decía pero le parecía gracioso que siempre llevara los pantalones subidos dejando aparecer unos calcetines rojos de lana, a ella eso le hacía reír. Un día quiso acercarse con su madre para tratar de escuchar lo que decía, pero fue en vano, y en ese momento la niña le quiso preguntar que donde se encontraba la familia, entonces el hombre la miró por debajo de sus canas despeinadas y simplemente la dijo que se encontraban muy lejos.

A la mañana siguiente había decidido  hacerle un regalo a aquel hombre que parecía encontrarse muy solo. Rebuscó en los armarios que contenían cosas de hace tiempo que eran de la familia, de la abuela, y encontró una caja de sombreros llena de polvo, era roja como los calcetines que tanto la divertían y alrededor tenía un lazo blanco, decidió que esa sería la caja de su regalo. Solo faltaba ver que metería dentro. Revolvió entre sus cosas y lo primero que encontró fue una tableta de chocolate que a pesar de tener un mordisco en uno de sus lados se mantenía apetitosa, después quiso meter también en la caja un conejito blanco que tenía de peluche, al cual adoraba y consideraba que era una buena compañía. Y finalmente incluyó también una breve carta de apenas cinco palabras en la que le decía que en navidad debía estar con su familia. Escondió su regalo en un armario hasta que llegara el día que se lo pudiera dar.

Una semana después y tres días antes del día de Navidad acompañaba nuevamente a su madre al mercado, pero junto a la fuente no había nadie. Al día siguiente tampoco, y al otro alguien le dijo que aquel viejo loco estaba en la estación de tren y posiblemente tomaría un tren. Ella entonces mientras su madre terminaba de hacer la compra para la noche, salió corriendo hacia la estación de tren la cual pensó que estaba muy cerca, pero no era así, pues dentro de las muchas estaciones de trenes que hay en la ciudad esta estaba de las más alejadas. Al llegar allí no vio a nadie en el andén, hacía frío y la noche se había ido acercando, sus pequeñas manitas sujetaban el regalo que quería entregar a pesar de que tenía los deditos casi helados del frío, miraba a todos lados esperando encontrar a aquel señor, pero no aparecía nadie. Un revisor que circulaba por la estación la encontró, la preguntó que hacía allí y al hacerlo salió corriendo, corrían sus piernas blancas hacia el final de la noche, fuera de la estación adentrándose en un bosque de abetos, y cayó al suelo junto con los primeros copos de nieve, su regalo.

La niña se perdió, y todo el pueblo salió a la calle a buscarla, cada uno de los habitantes de aquel lugar gritaba su nombre y portaba una linterna. La nieve fue cuajando y se hacía difícil caminar, el bosque era extenso y el aire frío cortaba el rostro mientras la noche se cerraba rodeada de silbidos del aire transitando por lugares estrechos.

Pasaron las horas, las madres de otros niños ya lloraban, nadie recordaba haber vivido nunca una noche tan oscura, y fue así hasta que en un momento de la noche alguien atisbó en la cima del monte junto al bosque de abetos una luz extraña que parpadeaba. Subieron corriendo hasta el lugar y según se acercaban se detenían quedando absortos con lo que allí veían, prácticamente todo el pueblo se encontraba allí.

Contemplaban un árbol enorme lleno de luces de todos los colores posibles, guirnaldas plateadas, piñas doradas, quedaba en medio del cielo estrellado y en su copa tenía una gran estrella que lucía como ninguna. El espectáculo era hermoso, era grandioso, para muchos era lo más bonito que habían visto nunca, llegaron a olvidar por un instante que buscaban a la niña, pero fue solo eso, un instante, pues al bajar la mirada la encontraron acurrucada bajo el abeto, parecía que la luna fuera ella, pequeña y fría, con su último aliento de vida, con su última ilusión había logrado crear aquel maravilloso espectáculo.

A la mañana siguiente cada persona del lugar subió a aquel monte y depositó junto al árbol un regalo, con la misma generosidad que la niña lo había hecho, y desde entonces siempre en Navidad cada familia decora su casa con un abeto lleno de luces, para recordar el espíritu lleno de amor de aquella niña, y para hacerlo suyo dentro de cada familia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

la navidad epoca llena de luz para algunos y de dolor para otros son las visperas que uno espera para ver que pasara mañana todos esperamos que cada navidad sea distinta tener ese pequeño arbol que te llene de alegria que no importa si esta lleno o vacio si estan en familia todo se vale eso es la navidad familia eso que esperamos que con un pequeño arbol le demos alegra a esas caritas y anuesta vida que aun siendo viejos disfrutemos la navidad como niños feliz navidad a todos aquellos que algun dia quicieron tener lo que sinifica la navidad y aun no lo an podido lograr

bajootropuntodevista dijo...

Me ha gustado muchísimo tu entrada, la Navidad es como un arma de doble filo: muy feliz para unos, pero muy triste para otros tantos.

http://bajootropuntodevista.wordpress.com

Publicar un comentario

Related Posts with Thumbnails