lunes, 21 de noviembre de 2011

MI DUENDE

Me decía :”¡Junta los pies más!” y después golpeaba mis manos con energía. Así fue como la lluvia de la tormenta lamia mis ventanas buscando devorarme, así fue como el viento silbaba al mismo tiempo en mis dos oídos para no dejarme escuchar las palabras del estulto gobierno de mi vida. Y después  descubrí que debajo de mi cama había objetos mágicos  que podían hacer que estuviera en otro sitio, y entre todas aquellas cosas llenas de magia hecha sobre todo para volar puede crear algo muy especial, mi duende.


Era casi diminuto para que nadie lo viera, sus ojos eran

dulces y negros como los bombones de chocolate que siempre me regalaba mi abuela, cuando sonreía me hacía reír a mí. Era mi duende sin nombre que acompañaba las tardes a través de los sucios cristales, de las esperas sombrías hacia la noche insomne. Solía abrazarme y contarme historias mientras las puertas de la casa se abrían y cerraban, solía dejar sus manos quietas en cada una de mis lágrimas y me decía que algún día ellas serían mi mayor tesoro. Y los dos al final del día dormíamos enredados con la esperanza de levantarnos en otro lugar.

Hoy aquellos días son cenizas de un pasado quemado en una gran hoguera, y mi duende me acompaña y lo hará hasta que deje existir.

Llevan los días sus sensaciones según pasa el tiempo, vivo con la felicidad de saber amar sin límites, me sumerjo en las esencias de la vida para conocerlas todas mientras inerte me lanzo a un cielo de esperanzas. Soy esa sensación de dejar de tener frío cuando el horizonte llega helado.

Y por cada lágrima escribiré un texto que deje parte de lo que soy, por cada una de ellas nacerá algo nuevo. Solo seré el hombre que vive con la sonrisa de un duende.


1 comentarios:

Anónimo dijo...

que bonito

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