martes, 8 de noviembre de 2011

COMER Y SOÑAR


En una calle lateral de una de las principales vías de la ciudad una joven chef decidió inaugurar su primer restaurante, eligió cuidadosamente una decoración agradable, seleccionó el personal más cualificado posible dentro de su presupuesto y finalmente creó una carta  en cuyo menú aparecían deliciosos e interesantes platos como “habas con huevos de codorniz”, “crema de lentejas con arroz frito”, “huevos a la India” o “solomillo con manzana”, todos ellos presentados con un toque de originalidad y a un precio asequible, aunque lo más original del lugar era que se había habilitado una sala contigua en la que había ubicadas una serie de cómodas camas, y con una luz tenue y un hilo fino de música garantizaban en aquel lugar tener felices sueños con el estómago lleno de aquellas delicias gastronómicas.

Antes de inaugurar el lugar decidió hacer un viaje para relajarse y cargarse de energía para el reto comercial que después  afrontaría, la chef, que se llamaba María, anduvo por lugares remotos de la India  recopilando al mismo tiempo diferentes especias y encontrándose con sabores culinarios novedosos, en una pequeña aldea central un anciano le habló de un condimento especial llamado “masala”, era común allí pero decía  crear una especia que además de llevar canela, cilantro, alhova, cardamonio y pimienta negra, llevaba un ingrediente adicional que realmente hacía que las personas después de ingerirlo se encontrasen más felices. Era un elixir de la felicidad.

En su regreso decidió entregarle dicho condimento a su esposo y le pidió que fuera el que aleatoriamente lo echase en determinados platos a la hora de servirse, y así con ello probar verdaderamente sus efectos.

Un día de esos que parece que no hay nada más en el mundo el restaurante “Comer y Soñar” abrió sus puertas, fue una inauguración muy alegre, llena de colores y de amigos, aquello parecía el centro del mundo y María era inmensamente feliz, sus rostro era el de un ángel que en algunos momentos tendía a sonrojarse, poco a poco algunos de los comensales reclinaban sus repletos estómagos en la habitación del sueño, otros simplemente alababan el sabor de lo que  acababan de probar. El negocio giraba como una perfecta noria donde todo el mundo gozaba, todo estaba perfectamente sincronizado.

Los siguientes días después de la apertura fueron llegando clientes de manera creciente hasta que en aproximadamente un mes el lugar se llenaba rápidamente. Era un éxito. Comentaban al despertar y haber tenido dicha experiencia que era un sitio donde uno podía dar placer al cuerpo y descanso al alma, todo iba bien, los clientes parecían felices y en momentos ella miraba de reojo a su esposo para ver cuando podía estar aplicando dicha especia conseguida en la India, ya que ella temerosamente intuía que dicho éxito se podía deber a ello y que cuando esto se agotase todo cambiaría.

Pasó un año, y en ocasiones ella le preguntaba sobre cuanto quedaba de la “masala”, su esposo simplemente le decía que todo iba bien.

Los días eran como árboles en un camino por el que pasear tranquilamente, la mezcla de aromas era casi mágica y el restaurante de María se hizo tremendamente famoso. Pero llegó un día que pasó algo misterioso, uno de los invitados que había disfrutado de los manjares y de la buena mesa de aquel lugar decidió también tras ello ir a dormir a la sala contigua, pero no despertaba. Quedó sumido en un sueño tan profundo que parecía no poder regresar, todo esto llamó muchísimo la atención hasta el punto que fue llevado a un hospital mientras el restaurante debía cerrar sus puertas. El misterio de lo ocurrido hizo que corrieran ríos de tinta en diferentes heraldos en los que se fomentaba el dramatismo, se formó un gran debate social sobre lo que estaba ocurriendo y se cuestionaba lo que podía haber llegado a ingerir en el restaurante “Comer y Soñar”. Pero justo siete días después sucedió algo aún más increíble, aquel hombre despertó y al hacerlo lo primero que dijo es que había pasado los días más felices de su vida, que había sucumbido a un sueño lleno de placeres y sensaciones que nunca más podría olvidar. Después de esto nuevamente la prensa se hizo eco y esta vez los titulares decían “Siete días en el cielo”, aludiendo la fantástica historia de este señor vivida desde que fue a comer al restaurante de María.

Aprovechando este tirón mediático se abrió un segundo restaurante precisamente utilizando de nombre ese titular, “Siete días en el cielo” y rápidamente su éxito fue abrumador, pero eso sí nunca más nadie quedó dormido más allá del tiempo naturalmente necesario. Después se inauguró otro más, y otro, y una cadena llena de restaurantes que se repartían por todo el país.

Cuando María ya era anciana y tremendamente conocida enfermó hasta el punto que ya los doctores le daban solo unos días de vida, y al acercarse su marido a su lecho ella quiso hacerle una pregunta antes de exhalar el último aliento, simplemente le preguntó:

-¿En qué momento amor se acabó aquel condimento que echabas a la comida?,

 a lo que él contestó en un susurro con la voz muy clara:

- Amor mío nunca llegué a usarla, siempre que decidía  hacerlo me mirabas y para no ser sorprendido buscaba otro momento, con el tiempo me olvidé.

-y entonces ¿Qué fue lo que paso? , seguía hablando ella con la voz temblorosa.

Y el sonriendo con la sonrisa que le había dedicado toda la vida simplemente dijo:

-Nunca fue necesario.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Me encanta!

Anónimo dijo...

no podemos dejar que segundas cosas nos den esa felizidad que tanto esperamos y queremos dar con lo basico hagamos cosas grandes con lo pequeño seamos feliz no dejemos que segundas cosas nosde la felixidad

danilita21 dijo...

Que texto más lleno de sentidos, como la ilusión se vuelve vida y el silencio se llena de palabras... simple y sencillamente me embrujo.

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