viernes, 7 de octubre de 2011

CUANDO LLEGUE EL OLVIDO NO SABRÉ A QUIEN AMAR

Recuerdo esas aceras mojadas y perfectas donde mi zapato golpeaba sus pasos al mismo tiempo que una lluvia fina empapaba mis vestimentas. Con aquel café de cortinas azules y luces amarillas en los que los atardeceres eran serenos, mientras tomaba durante cinco minutos un café y después quedaba en mi olfato el resto de día. Recuerdo sus bollitos de miel tiernos servidos en unos platos pequeños decorados con lirios dibujados, los comía hasta que me llenaba.


Cuando llegaba en las horas en las que el sol era menos intenso, permanecía un rato mirando sus cristales desde fuera, la gente sentarse, reír, los solitarios fumadores, las mujeres mayores que no se separaban del bolso como si guardasen un gran secreto, los niños abriendo la puerta de madera de vez en cuando para dejar salir el calor, era como mirar un cuadro en el que más tarde entraría.

El sonido de la gente hablando a veces me arrullaba y despertaba por el choque de alguna taza de porcelana. Me gustaba la sonrisa de las camareras no me cansaba de mirarlas en sus clásicos y correctos atuendos.

Durante casi un año estuve acudiendo día tras días a ese lugar, todos los días lluviosos, los festivos, incluso en los días cercanos a la navidad. Se convirtió en mi lugar favorito, en mi casa. Y todo fue porque te esperaba a ti.

Te esperé tanto que me olvidé del resto de las cosas que había en mi vida, y fue agradable, permanecí un tiempo olvidado de todo mientras sereno me dedicaba solo a observar la vida, dejé en el letargo de los días la capacidad de amar.

Hasta que un día cualquiera de los muchos de un otoño frío donde los brazos desnudos de los árboles se enredaban con los pensamientos de melancolía de la gente, deje de ir. Ya no volví a olvidarme de ti mientras te esperaba, ya no esperé que llegases a mí antes que el olvido.

Pienso en ocasiones en volver a aquel entrañable café, ahora me encuentro bien lejos sus ambientes, quizás vuelva uno de estos días en los que la primavera regala nuevas sensaciones hermosas, quizás no vuelva nunca y todo quede en un recuerdo como si fuera un óleo colgado en la pared de mi salón.

2 comentarios:

Juan Risueño dijo...

Hay lugares que, ¿por qué no? se aman, estremecen el corazón si se recuerdan.

Saludos Jose Fco.

Diana Ƹ̴Ӂ̴Ʒ dijo...

Siempre habrá alguien a quien amar... y siempre habrá alguien quien nos recuerde y nos ame.

Abrazos alados y lindo día !!!

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