miércoles, 21 de septiembre de 2011

MIS ZAPATOS VIEJOS

Un hombre se acercó un día a un doctor para consultarle sobre unos dolores que padecía en la espalda hacía una semana, este le examinó y le recetó unos calmantes además de unas sesiones de masaje con un fisioterapeuta. Fue agradable la consulta hasta el punto que aquel hombre llegó a decirle al médico que tal cansancio se debía a lo mucho que había luchado en la vida y que gracias a ello había obtenido grandes logros, pero que obviamente ya se encontraba agotado y eso le estaba pasando factura. La conversación se fue haciendo tan amena que ambos que eran aproximadamente de la misma edad se planteaban si llegados a ese punto de la vida eran felices con lo conseguido, el doctor rotundamente dijo que sí. Fue entonces cuando el visitante reconoció que en su vida había determinados aspectos que hacían que aún no lo fuera, o al menos no tuviera esa sensación de placidez necesaria del que habiendo recorrido un largo camino se sienta a descansar orgulloso de haber llegado hasta allí.


El doctor dedujo que aquel paciente simplemente decidió tomar una actitud triunfalista cuando no le correspondía, el recorrido no es hasta que uno quiere, lo es hasta que llegamos a alcanzar aquello que nos propusimos y que nos hace sentir realizados. Así que pidiendo excusas se ausentó de la consulta por unos instantes, al regresar simplemente le dijo : “le hice un favor, debemos esperar a alguien”.

Una hora después llamaron a la puerta y el médico fue a recibir la visita y la acompañó hasta la consulta, al abrir la puerta del despacho aquel hombre vio que la persona a la que esperaban era su mujer y que traía consigo una caja, se levantó rápidamente sin entender la situación y besó a su mujer, esta le sonrió con ese tipo de sonrisa que esta hecha de comprensión y amor a la vez, seguidamente le ofreció la caja que llevaba para que la abriese. Al hacerlo encontró dentro de ella dos zapatos viejos, los había guardado durante años con mucho cariño y formaban parte de esa época en la que para uno la lucha diaria es cotidiana y el esfuerzo apenas se nota porque se vuelve una costumbre.

El médico quedo a un lado observando la situación mientras ella le dijo en un tono muy calmado:

Son tus zapatos viejos los que me hicieron fijarme en ti, su bagaje, todos aquellos sentimientos y pesares que han ido conformando cada gesto de tu rostro.

Aquel hombre se quedó unos segundos meditando, finalmente se acercó al doctor y le entregó la receta que horas antes le había dado, ya no la necesitaba, ya no se sentía cansado, debía seguir caminando. Se había dado cuenta aquel día de muchas cosas. Tomó el brazo de su mujer sin apenas decir nada y se marchó.

2 comentarios:

Juan Risueño dijo...

Las personas ya satisfechas con lo logrado en la vida solo firman su muerte prematura.
La mayor satisfacción es vivir, seguir andando el camino de un modo u otro.

Buen fin de semana Jose Fco.

Danilita21 dijo...

Que lindo es ver el amanecer y recordar porque estamos vivos, aunque aveces nos olvidamos el porque seguimos aqui sonriendo y caminando, en vez de correr sin pista.

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