lunes, 8 de agosto de 2011

El Jardín de mi Amada

Entre los muchos lugares que hay en este mundo que uno quiere conocer o conoció, están aquellos en los que uno encuentra paz, aunque sea una paz de cortos momentos robados a la vida, donde uno ve la belleza y después ve como el tiempo y los cuidados hace que cambie y que se muestre cada día renovándola o por el contrario aparezca el descolorido tinte de la tristeza.

Yo visité no hace mucho, un jardín muy especial, un lugar hermoso lleno de las flores de la ilusión, con caminos desiguales y discretos lugares donde al llegar uno se sorprende, romántica era la luz del día en el a cualquier hora y el agua fresca revitalizaba desde las raíces cada color, cada olor, cada sentido, cada momento.

Y allí estaba ella dedicada al cuidado de su maravilloso jardín, flores silvestres por todos lados, sobre el agua de un acaramelado estanque de reflejos plateados, rosáceas presumidas, orquídeas descaradas sabiéndose las más bellas, alfombras de violetas en cada cruce de caminos, allí no había estaciones, todas juntas, otoño, primavera, y las azaleas explotaban de color junto a las camelias ante la vista del que descubría aquel jardín.

La niña, era la dueña del jardín, dulce extendía su delicadeza en cada lugar, y en el centro un árbol fuerte, uno del que brotaba una luz lila, el Cercis del amor, las raíces de ese árbol se extendían a todo el jardín, llegaban a todos lados.

Cuando entre en aquel jardín por primera vez, fue porque paseando vi la puerta abierta, recorrí sus caminos y descubrí en su interior ese árbol de talla lisa y piel morena, sentado en su sombra me dormí, amando cada instante, comiendo de cada fruto, jugábamos como dos niños por aquel maravilloso jardín y cuando el cansancio llegaba simplemente nos mirábamos a los ojos y sonreíamos.

Pero la puerta de aquel jardín quedó abierta, y alguien entró a contemplarlo, lo quiso amar como nadie y le puso precio, lo quiso comprar, la niña era ya mujer junto al árbol del amor, y lo vendió.

Con el tiempo ella siguió cuidando su jardín, lo hizo enorme, se extendió hasta el mar con todas las flores del mundo en él, con las monedas de su venta aquel que la compró hizo que incluso desde el cielo se pudiera contemplar sus formas y sus colores. La vida de de aquella niña era plena.

El tiempo pasó y me dedique a viajar a otros lugares, a otros jardines, algunos eran casi divinos y otros eras lúgubres, pero nunca había vuelto a ver algo tan bello como auqel jardín que descubrí.

Así que un día regresé después de mucho tiempo y lleno de ansiedad por disfrutar de aquel lugar, quería ver lo que había conseguido con tanto y cuando llegué la puerta estaba cerrada, esperé con impaciencia, llamé gritando buscando que me abriesen, y después de muchas horas alguien despacio se acercó, no preste atención a su persona, taciturna, anciana, y rápido entré a repasar los senderos que feliz me hicieron, y a ver los nuevos paisajes, los aromas mezclados.

El colorido era imposible, tantas tonalidades a la vez, se necesitaban semanas para recorrerlo entero.

Al quinto día conseguí llegar al centro del jardín, con los ojos abiertos, esperando encontrar el árbol que tan feliz nos hizo, pero al llegar solo encontré un tocón rodeado de verde hierba, empecé a preguntarme donde estaba ella, porqué había dejado que se árbol muriese, porque dejó que un hacha lo talase. Esperé una luna tras otra, me hice mil preguntas pero no hallaba las respuestas.

Al noveno día vi un caballero, montando un corcel enorme y fuerte que pasaba veloz por el jardín y desaparecía en unos segundos. No me vio.

Dos días después finalmente alguien se acercó donde yo estaba y se inclinó junto al tocón, el cabello despeinado tapaba su rostro, dejó caer una lágrima y gimió, era la mujer que me había abierto la puerta días atrás. Entonces quise preguntarle porque lloraba y no me contestó, se dejó caer en la hierba y el sol entonces recorrió sus mejillas como si unos dedos de luz la acariciasen, fue cuando empecé a entender.

De nuevo la pregunté con ansiedad, y entonces ella me contó que hace tiempo donde ahora el tocón se encuentra sin vida hubo un árbol precioso, con sus ramas llenas de vida, que aquel árbol secó sus raíces, que en otros tiempos aquel jardín fue menor, pero tenía la ilusión de amar, de ser amada. Que desde que aceptó vender el jardín a su dueño, ese árbol fue muriendo, y que era tanto el dolor que decidió cortarlo de una vez. Es su rostro vi por un instante la sonrisa de una niña.

Me marché de aquel lugar para siempre, con los recuerdos antiguos, con la pena de que ella no me hubiera reconocido, de que aquella niña, la que por primera vez me mostrase tanta belleza quedara atrás con la amargura en su rostro.

Me fui, pero en mi cinturón una pequeña bolsita de tela colgaba, y dentro una semilla diminuta que recogí hace mucho tiempo en ese jardín, junto al árbol, al irme dejé la puerta abierta y en el umbral, junto a mis pisadas recientes puse la semilla junto a una nota explicando los cuidados necesarios.

Nunca más volví ya que mis días de andanzas se agotaron, pero siempre recordaré las suaves manos de aquella niña cuidando su pequeño jardín.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

ufffffffffff cda momento vivido y cada momento es como un sueño solo dura momentos unos son eterno otros son moentanios pero solo un recuerdo nos hace soñar con ese momento inesplicable

LUCIENE RROQUES dijo...

Que lindo texto, parabéns, muito belo.
Um abraço!

Juan Risueño dijo...

Jardines de la memoria que quedan anclados a su única estación: la primavera.
Jardines que tal vez no convendría actualizar.

Saludos

Margary Gamboa. dijo...

Un excelente texto. Lo he leído con entusiasmo. Me he ido imaginando el colorido, las formas, incluso en sentimiento porque están descritos con tanta delicadeza y detalle que parecen reales. Lo he disfrutado muchísimo. Te felicito, escribes bellísimo.
Saludos.

Jose Fco. Delgado Abad dijo...

Gracoas por los comentarios, a todos, a los que estais aqui de vez en cuando y a los recien llegados, este es un cuento muy especial para mi.

Anónimo dijo...

me pregunto en quien pensaste, quien es ella y por que tu o él vagaron tanto, en vez de apreciar esa belleza, unica e inigualable que no se puede repetir, tampoco olvidar, pero si auyentar esos sentimientos para siempre...

Tata dijo...

Realmente me gusto!!! me transporte a ese jardin y no imagine los dias de andanzas agotados del aquel hombre

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