lunes, 4 de julio de 2011

Recuerdos de mi niñez

Ayer me encontraba en una plaza repleta en una tarde temprana y con un cielo cuyo sol estrellaba en las nubes rayos rojizos que combinados con el azul construían una vidriera hermosa, era como estar en una catedral grandiosa donde el aire y los niños corrían a placer.


Bancos de piedra a modo de isletas entre la multitud de paseantes agrupados y amarrados por medios abrazos, hijos, padres, abuelos, amados y amantes, haciendo caminos en el espacio abierto de un día sereno sin nada que hacer si no ver al otro, llenar el estómago y brindar más tarde simplemente por estar ahí.

Un niño a la carrera como una paloma mas, de las que hoy no encuentran su lugar ni para llegar a las migajas de pan que se van dejando caer, un niño veloz a punto de perderse entre tanta gente sin nombre y tanta sombra donde doblar las esquinas, llega sin fatiga apenas donde yo me encuentro y tropieza dejando que su carita blanca golpee de suelo tan amasado de pisadas sucias, le duele y me mira entonces con la mirada empapada y hermosa, me mira como si yo tuviera la culpa pensé primero, pero no, es porque piensa que le podré ayudar.

Recordé entonces mi infancia lejana y llena de momentos especiales, fui muy independiente desde el juego, a veces estaba solo y nunca quiso estar mi padre más cerca de los tres metros de mí, recordé las veces que me caí y le miré llorando sin que me prestara atención, ten lleno de sus cosas que no había cabida para otras, y aunque a veces reía, siempre era con otros.

Fue en ese momento que acerqué mis manos al niño herido, como si cerrara mis alas para cobijarlo, limpié las lágrimas brotadas y le miré a los ojos con el consuelo de algunas palabras elegidas con cariño, unos segundos en su rostro, en su carita de luna, y después lo dejé de nuevo volar, correr veloz de nuevo a perderse entre los demás para ser encontrado ileso.

El anochecer fue un abrigo ese día, a pesar de un hilo de frío tocando mi piel, la plaza quedó tan sola y silenciosa como aquellas veces que siendo niño quedaba arropado en mi cama y miraba el techo de la habitación mientras desenredaba pensamientos que no quería tener, mientras dibujaba con colores sentimientos que en el día no podía reflejar.

4 comentarios:

Juan Risueño dijo...

Si alguien que nos conozca ahora pudiera vernos en la niñez nos reconocería sin dudarlo.
De niños sólo está todo más comprimido.

Una abrazo

Anónimo dijo...

hola jose la pagina ha venido tomando una forma fantastica felicitaciones ¡¡¡ zilena

Margary Gamboa dijo...

!!Sencillamente precioso!! como todo lo que escribes.
Margary.

Jose Francisco Delgado Abad dijo...

Muchas gracias por los comentarios, siempre son la pincelada que faltaba el el lienzo.

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