viernes, 15 de julio de 2011

La lluvia que me dió la vida

¿Alguna vez te detuviste en medio de la lluvia?, empapándote, recuperando el frío que uno siente al nacer, dejando que el propio calor de tu cuerpo se evapore con cada gotita que golpea nuestra piel. ¿alguna vez te olvidas de lo que no es real, de la vida en sus márgenes sociales y eres solo tú?.


Llovía sin verticalidad, con el viento del oeste elevando el manto lluvioso hacia la derecha de mi camino, el agua se acumulaba entre mis ropas haciéndolas más pesadas y después dejando hileras de de gotas sumisas derramándose por mi cuerpo, no muy lejos se veía gente a la que la tormenta le había sorprendido y resguardados en portales y rebordes arquitectónicos se miraban entre sí interrogando sobre cuándo acabará.

Pero yo me detuve y todos miraban como espías de mi intimidad, me detuve cuando el agua era un torrente en una calle que toda era un charco donde saltaban las gotas nada más llegar al suelo. No quería avanzar, no sin dejar de pensar, y fui poco a poco recuperando sensaciones que nunca debí dejar atrás. Qué hermoso es todo cuando nada nos empuja, cuando solo nos dejamos llevar por nosotros mismos. No quería irme de allí.

El cielo era un techo cercano que casi podía tocar, la luz era tenue llena de intervalos, y el frío poco a poco me llegaba hondo, era feliz, no recordaba nada, donde debía ir, de donde venía, que sería de mañana, que recuerdo de ayer.

Y en ese momento de letargo, de placenta cálida, una mano se posó en mi hombro despertándome, fue como una llamada que insiste y a la que uno no quiere acudir. Pero fui, y era una cara bonita que señalaba son sus manos lugares donde cobijarme.

Al día siguiente lo recordé, mas de cien días después seguí recordándolo y después de varios años también, hasta el día que pude recuperar esas sensaciones para poder vivirlas el resto de mis días, hasta el momento que me detuve en la lluvia de tantas cosas que uno percibe de este mundo, para poder disfrutar de lo auténtico, de todo.

1 comentarios:

Juan Risueño dijo...

Con la lluvia el cielo y la tierra se unen. y en medio de esa maravilla se forma parte del milagro.

Un abrazo

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