domingo, 22 de mayo de 2011

La flor de otro

He entregado una flor que no era mía a alguien que no conocía, como el pasajero que se baja en una estación cualquiera y mira alrededor sorprendido sin saber dónde está, pero excitado ante la posibilidad de encontrarse con nuevas sensaciones, con nuevos momentos de entrega inconsciente, con el sigiloso comienzo tal vez de una aventura improvisada.
Una flor vestida como si fueran mil y con la entrega la intención de un amigo de dejar en el olvido los amores de una dama bien tratada, de dejarla sola, aun adorándola entre encantos y recuerdos.

Solo era un detalle más y así lo entendió entre rubores de mejillas y miradas huidizas, se la entregué como el que entrega un testigo, como si fuese la llave de su jardín secreto para ser guardada y nuevamente regalada en los hallazgos venideros de romances consentidos.

Cuando la encontré no hube de cruzar los velos de la tristeza que cubren a alguien cuando las malas noticias arropan sus noches, cruce otros velos llenos de las ausencias que aturden el alma para ofrecer rincones de soledad, velos de esperanza aletargada en los que un pequeño despertar ofrece una maravillosa vida.

Me marché de allí habiendo entregado la flor de otro y tantas palabras mías que alguna debí inventar, me marché por un camino que tiende a volver y cuando lo haga será esta vez con un presente que sea solo mío.

2 comentarios:

MarianGardi dijo...

Ambigua pero con fragancias.
La música divina.
Gracias por estar ahí en esa estación con tu propia rosa.
Un abrazo Guille
Si quieres quitar la engorrosa palabra de verificación que nos hace `perder tiempo al comentar. En mi blog, dos entradas antes de las que hay puestas con los vídeos, te digo cómo puedes hacerlo.

danilita21 dijo...

El olor de tiempos distintos, trae la frescura de la yerbabuena... y el color de las azucenas impregnado en los ropajes

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