domingo, 15 de mayo de 2011

El Hombre que extravió un sueño

Llegaba a mi casa cansado después de un día de trabajo como otro cualquiera y con ganas de lanzarme en mi nuevo sofá y desprenderme de las ataduras que uno se hace con tantas responsabilidades, necesitaba ese espacio de ociosidad para llenarme de ganas y poder hacer todas las demás cosas, las que no me agradan.


Al llegar a mi casa me encontré con que un anciano inquieto balbuceaba mientras se arrastraba como un bebé en el suelo, miraba con los ojos llenos de esperanza a todos lados y entre gruñidos e inquietantes sílabas inentendibles pude escuchar que buscaba algo. No se percibió de mi presencia y continuaba tanteando con las manos cada palmo del suelo, parecía estar perdido, ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor.

Acercándome a él le pregunté si se estaba bien, y por un breve espacio de tiempo pareció verme, lo cierto es que no tenía tiempo para esto pero el señor se encontraba en el umbral de mi puerta y me impedía el paso, por otro lado aquello comenzó a resultarme intrigante cuando pude entender que decía que había perdido algo. Fue entonces cuando me agaché yo también y comencé a buscar lo que imaginé que se lo podía haber caído mientras trataba de interrogarle al respecto lanzando preguntas al aire, preguntas sin respuesta, aquel anciano simplemente repetía una y otra vez que había perdido algo.

Pasó cierto tiempo y no encontramos nada, busqué su mirada extraviada tratando de fijarla en la mía, pero aquel hombre estaba demasiado inquieto, finalmente sujete sus hombros apoyándolos en la puerta de mi casa y firmemente le pregunté que había perdido, en ese momento el anciano de pelo blanco comenzó a sollozar y entre sus dientes dijo que había perdido un sueño, su gran sueño.- ¡Vaya! Es un loco- pensé, y me dispuse a girar la llave que habría mi hogar, cuando la puerta se abría le pregunté de nuevo sobre su gran sueño y en ese momento sus ojos parecieron llenarse de conocimiento de golpe, y me dijo, que durante años no tuvo ninguno, que vio como los demás se convertían en los arquitectos de los suyos, como los alcanzaban, los tocaban con la punta de sus dedos o tal vez los perdían, pero él vivió siempre sin esa búsqueda que supone hallar la meta de un sueño. Recientemente hubo uno poco a poco le fue poseyendo y tras tantos años sin nada que desear realmente, entonces encontró su gran sueño.

Fueron días maravillosos entregándose en cuerpo y alma a su sueño hasta que finalmente esta tarde pasé por delante de esta puerta y lo perdí.

Aquel hombre no debía estar en sus cabales así que terminé de entrar en mi casa, mientras las últimas palabras del anciano fueron a decirme que si yo encontraba su sueño se lo devolviera.

A la mañana siguiente madrugué de nuevo para ir a trabajar y bajo la puerta alguien había introducido una nota con una dirección, debajo simplemente decía “si lo encuentras, llévalo a esta dirección”. No le di importancia obviamente pero aun así decidí guardar esa nota en un cajoncito del recibidor de mi casa.

Los días pasaron y traté de olvidar aquel suceso, pero al mismo tiempo me fui dando cuenta que yo no tenía un gran sueño, ni siquiera un pequeñito, y entre unos pensamientos y otros trataba cada día de buscar una fórmula que me diera uno.

Tres meses después empecé a sentirme solo, mi vida que hasta entonces había estado siempre organizada y perfecta empezaba a nublarse, ya no me sentía a gusto y la soledad se iba convirtiendo en una sombra que parecía querer engullirme. Nunca tuve familia, viví en un orfanato que me acostumbró a salir adelante por mí mismo, siempre estuve solo pero nunca lo supe.

Decidí entonces que quería tener una familia y me dispuse a tener todas las citas posibles con las mujeres más afines, me abrí al amor para así tener los pilares de lo que sería mi familia, quería tener una familia muy grande. Y apareció ella, primero tuvimos citas para ir a pasear, al cine, a beber y finalmente un día la invité a casa, estaba claro que era con quien yo quería empezar a vivir y a fundar una familia, ese maravilloso sueño que yo tenía. Fue entonces cuando ella de modo absolutamente casual abrió el cajoncito donde yo había guardado aquella nota del viejo loco, y sonrió al verla.

Los días de nuevo fueron hojas de calendario que se pasaban rápidamente, pero de nuevo en mi mente tenía el recuerdo de aquel hombre y de su nota, de su sueño, ¿Cuál sería su sueño?, lo cierto es que sin quererlo había ayudado a que yo llegará al mío, así que tomé la decisión de hacerle una visita en la dirección que tenía escrita.

Cuando llegué a aquel lugar me asombró ver como una casa tan vieja podía seguir en pié, llamé a la puerta y después de unos largos minutos una anciana me atendió, nunca la había visto pero ella pareció reconocerme en seguida. Le conté la historia de lo que había sucedido, y al hacerlo a ella se le cristalizaron los ojos con ese tipo de lágrima que parece que nunca se derramará por el rostro. La mujer se abrigó con un manto negro y me pidió que la acompañase pues me llevaría al lugar donde se encontraba aquel hombre que perdió su sueño.

Después de recorrer varias calles y callejuelas cercanas llegamos al cementerio de la ciudad y entramos, anduvimos entre pasillos de lápidas gastadas hasta llegar a una que parecía más reciente,- aquí está-, ella me dijo. Ciertamente me quedé absorto, hubiera bastado con que me dijera que había fallecido, no tenía muy claro que hacía allí, pero quise esta vez hacer las cosas bien, así que tomando la nota que él me dejó escribí en ella unas palabras en las que le decía que lamentaba que no hubiera encontrado su sueño, pero que yo había obtenido el mío.

Cuando fui a dejar la nota junto a su lápida, la mujer detuvo mi mano y con voz temblorosa dijo – ahora el finalmente ha encontrado su sueño- , no sabía que estaba ocurriendo pero aquella mujer continuó hablando, -el día que fue a buscarte cuando llegó a tu casa olvidó, de la misma manera que lo olvidaba todo, la vejez fue muy dura para él-. Yo seguía sin entender lo que estaba pasando, porque ese hombre fue a verme, porque frente a mi casa como un loco repetía aquellas palabras.

Empecé a pensar que también esa mujer no estaba bien de la cabeza, y quise marcharme, como el que huye de algo que será muy duro saber, uno de mis pasos apuntaba a la salida del cementerio cuando la mujer dijo tres palabras, solo tres, las justas y necesarias, y fue cuando las lágrimas que albergaban sus ojos se dejaron caer, ella simplemente dijo: “Era tu padre”.

En nuestra valiosa vida vamos descartando unas y otras metas según se divisa frente a nosotros el verdadero sueño, puede ocurrir que en los descartes nos equivoquemos, o que sea la vida a veces quien decide por nosotros. Aquel hombre vino a buscar el mismo sueño que meses después tuve yo, vino a entregarme mi sueño, quizás algo tarde para él, pero desde luego a tiempo para mí.

Ahora mi vida está arropada por la gente que me quiere, por mi familia, pronto tendré un hijo, eso me ha anunciado mi pareja y todos los días antes de irme a trabajar es mi madre quien me dije al despedirme: “vive su sueño, vive tu sueño”.

4 comentarios:

Pat.mm dijo...

Muy bello....Una acción conduce a otra...Nadie es indiferente.
Un saludo

Anónimo dijo...

todos soñamos todos tenemos metas pero lastimosa mente nunca senos cumple tal como lo soñamos no hay nada perfecto y somos egoístas solo pensamos en los sueños de nosotros sin pensar en los sueños de los demás somos como terremotos arrasamos con todo sin importar a quien nos llevamos por delante sin saber ni pensar en las consecuencias que traerá no solo cambiamos nuestra vida también le cambiamos la vida Alos demás ese anciano solo quería tener su conciencia enpaz y quería asegurarse que que sus errores no se volverían a cometer

danilita21 dijo...

Aveces olvidamos nuestros sueños en el recibidor de la casa de otro...

Azulceleste dijo...

Lo malo de los sueños es que cuando despiertas.....suele doler
Un magnifico relato
Felicidades

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