martes, 5 de abril de 2011

El Libro de las respuestas

En los viajes de primavera que suelo hacer por pequeñas ciudades o aldeas pintorescas una vez me encontré con una librería muy especial, era una librería que decía estar llena de ejemplares únicos, libros de relevancia que estaban a la venta y algunos que se podían consultar por un precio no muy elevado. Ese reclamo para mi era inmenso por sí solo, además de eso la fachada de dicha tienda era de madera tallada y llena de pequeños duendes que parecían querer escapar de ella, simplemente me pareció un mundo imposible, inimaginable, y lógicamente me decidí a entrar.


La decoración interior continuaba lo que se veía fuera, desde luego que si los duendes y hadas existieran, este lugar sería poco menos que un paraíso muy especial, cruzar su umbral era entrar en otro mundo lleno de esa creatividad tan intensa que en ocasiones echamos de menos de nuestra infancia. Había muchos clientes por todos lados, ojeando textos, o buscando un libro que llenase ese rincón de su vida tan íntimo, o quizás solo para entretenerse con una buena lectura.

Lo más sorprendente fue que al fondo de la tienda muchas personas esperaban en fila para leer un libro de pequeñas proporciones que reposaba en una mesa de madera, su cara mientras esperaban estaba llena de expectación. Pude levemente mirar a una mujer que en ese momento leía aquel libro, parecía mientras lo hacía que su cara se iluminaba y me quedé tremendamente extrañado del interés e ilusión que despertaba el leerlo a todos los que por allí iban pasando.

Cuando la mujer que acababa de leerlo pasó a mi lado para marcharse de la tienda decidí preguntarle sobre lo que había leído, simplemente me dijo que era el libro de las respuestas, que si tenía alguna pregunta que necesitaba respuesta en mi vida, solo debería de leerlo.

Aquel día regresé a la habitación del hotel dándole vueltas a lo que aquella mujer me contó, no daba crédito pero lo cierto es que pasé gran parte de la noche indagando sobre que respuestas podría yo necesitar en mi vida y por supuesto cuya respuesta podría perturbarme o desviarme del camino que seguía. Pienso que como todo el mundo, encontré algunas que siempre me hice o que nunca me atreví a comentar a nadie más. A la mañana siguiente me dirigí a la librería.

Tuve que esperar un par de horas en la fila para que llegara mi turno, no parecía caro, al menos por lo que podría aportar leerlo, tranquilamente disimulando mi ansiedad me acerqué a el, en la portada de piel envejecida y desgastada decía "El Libro de las Respuestas", suavemente lo abrí, no había prólogo, ni dedicatorias, ni índice o subtítulos, las hojas eran de de un papel grueso y parecían tener muchos años.

Recordé mentalmente las preguntas que quería hacer, y pasé de página, pero la encontré en blanco, la tercera página igualmente estaba en blanco, y la cuarta, y finalmente todas las páginas estaban en blanco. No sabía que pensar, pero abandoné la tienda con la idea de que me habían estafado que todo era un engaño para sacar dinero, no entendía como los desmás esperaban para leerlo y porque después de hacerlo salían con una gran sonrisa en su rostro.

Al día siguiente regresaba a mi ciudad y en el tren me encontré con la mujer a la que interrogué sobre el libro, me acerqué a ella y discretamente le pregunté sobre lo que había leído en el libro, pero no me dijo nada, insistiendo la pregunté si en el libro encontró realmente las respuestas y sonrió, me dijo que si, que las había encontrado. Entonces le dije que cuando yo lo leí sus páginas estaban en blanco, y ella soltó una carcajada y me dijo "¿y no es eso maravilloso? ¿Acaso no tienes ya tus respuestas? No entendí nada y regresé a mi asiento, quizás sencillamente no había hecho las preguntas adecuadas, quizás fue una farsa, o tal vez esté soñando.

Me quedé viendo pasar el paisaje que rodeaba la vía del tren, sin pensar casi en nada, hasta que finalmente decidí repasar las preguntas que me había hecho, las que quise trasladar a aquel libro tan especial. Y fue entonces cuando lo entendí todo.

Terminé mi viaje en el vagón del restaurante bebiendo vino, copa tras copa, embriagándome a cada sorbo mientras mi sonrisa acariciaba la copa de fino cristal, lo cierto, lo increíble es que mis preguntas tenían respuestas y tuve que leer un libro en blanco para darme cuenta.

Desde entonces procuro vivir los días que me restan dándola relevancia solo a lo que de verdad importa, no sé si aquel libro era mágico, o era la creación de un genio, o si para los demás sus páginas estaban llenas de letras, solo sé, que cuando lo encontré también hallé mis respuestas.

3 comentarios:

Sebastián dijo...

Hola Jose, muy lindo el blog!

Te dejo la dirección de mi blog por si te quieres divertir un ratito:
http://www.blogisfun.com

Si además deseas obtener ganancias reales de tus lectores, te recomiendo IncomeWeb. Aquí te dejo el enlace:
http://www.income-web.biz?a_aid=4d936abec7abe

Suerte!

Candi dijo...

Es un relato lleno de magia y creatividad. Muy bonito, me ha gustado.
Espero que tengas éxitos en la vida y te envío un abrazo. Seguiré tu blog

madison dijo...

Me embelesan tus letras.
Un beso José

Publicar un comentario

Related Posts with Thumbnails