jueves, 17 de marzo de 2011

Calles Oscuras 4: La Señora de Marfil

Una puta le pregunta a otra que por que se maquilla como si fuera una ramera cualquiera, que porque no lo hace como ella que dibuja en su rostro como si fuera una dama de alta alcurnia. Ella le contesta simplemente: "¿Y cual es la diferencia?


Recuerdo los fétidos chistes de un hombre que se creía mi padre mientras me los contaba. Hoy la tarde es oscura como si un gigante en cólera se hubiera tragado esta ciudad y su estómago no parase de rugir pidiendo más. Pero no hay más, después de esta ciudad solo hay un precipicio que te lleva a los pozos más ardientes del infierno, y solamente si uno está harto de todo puede dejarse caer.

Mi agenda de hoy tiene la página en blanco excepto por un tachón a un lado, no debí tratar de borrarlo ya que el destino no me invita a cumplirlo, me amenaza para que lo haga. Enrico "dedos blancos" está ya a mi lado y tratamos volver arrítmicos nuestros pasos mientras nos acercamos a ver a su jefe "La Señora de Marfil", una poderosa bruja que vive de la oscuridad de los demás, una harpía que no dudaría en darte la peor de las muertes si eso endulzara de alguna forma su amarga sonrisa.

Nunca un palacio estuvo mas oculto, nadie podría pensar que tras aquellas paredes despintadas se encontraba un lugar tan ornamentado, y con buen gusto. Estaba claro que la podredumbre de su propio poder la hacía tener que resguardarse, era un feo pájaro en una jaula enorme y dorada.

Nada mas entrar en su despacho noté su mirada pesada en mí, Enrico se quedó atrás como si fuera la puerta que no se cerró, pero yo avancé, no podía temerla, ambos somos engendros de una naturaleza tremendamente retorcida. No la saludé, al menos teniendo en cuenta que una mirada de desprecio no es un saludo, y ella comenzó a mover sus asquerosos labios mientras escupía palabras que difícilmente entendía, con cada palabra que articulaba su cara se movía y retorcía como si fuera la goma de mascar que se suele pegar en la suela de mi zapato.

Me dijo lo que quería y como quería que lo consiguiera, no fue un pacto, fue una orden que debía de cumplir y tras ello me lucraría lo suficiente para olvidar todo aquello. Al menos ese era mi plan.

Sospechaban que uno de "Los Tres" estaba tratando de entorpecer su negocio y mientras lo hacía se entretenía asesinando a quien le apeteciera, el caso es que los asesinatos les daban igual, lo que no querían era ningún estorbo en sus múltiples trapicheos. Y yo sería quien debía solucionarlo.

Me marché de aquel lugar tratando que la brisa caliente de la tarde me quitara aquel aroma que imaginaba tener, y mientras me iba a cualquier parte recordaba de nuevo a aquel hombre que quiso ser mi padre por unos instantes. Me decía que la vida es como una partida de cartas, y que antes de que me hicieran trampas y que pudiera perder, debía de cortarle el cuello al otro jugador.

2 comentarios:

Lucas dijo...

El hombre no estaba equivocado. La vida es precisamente eso.
Un abrazo

Victoriana Díaz dijo...

Lo importante es lo que somos, no la fachada que aveces queremos aparentar.
UN ABRAZO

Publicar un comentario

Related Posts with Thumbnails