jueves, 3 de febrero de 2011

Las Calles Oscuras: Volver a Nacer

Las calles eran de color rojo como las venas del mismísimo diablo y su aliento recorría cada rincón subiendo la temperatura mientras en mi escondite no paraba de sudar, mi mano derecha se apoyaba en la pistola aún caliente en mi cadera y no dejaba de pensar en círculos que debía salir de allí cuanto antes.


El asfalto se mezclaba con baldosas rotas y porquería de muchos días mientras alguna puta rezagada esperaba pagar su alquiler del mes pasado con algún cliente ebrio, el olor era el que debe haber camino al infierno mientras ciudadanos discretos por obligación andaban deprisa tratando de huir del hombre de la cara cortada que yacía junto a la esquina opuesta donde me encontraba, estaba muerto aunque ya lo estuvo durante mucho tiempo por la vida de pecados y sonrisas rotas que tuvo, la bala que atravesó su pecho solo fue el último punto suspensivo de una historia de mierda.

El cielo se partió en dos por un rayo solitario y antes de que llegara el trueno escandaloso las primeras gotas de lluvia empezaron a caer, y fue cuando vi una posibilidad para que mi viejo corazón siguiera latiendo, aquellas diminutas gotas golpeaban como si lo hiciera la justicia divina sobre las metálicas piezas que asomaban por los balcones de la estrecha calle donde me escondía. No podía correr, solo arrastrarme por las paredes dejándome caer en ellas, no sé si mi pierna izquierda ha dejado de sangrar, pero la jodida ya no me duele, ya no noto la sangre caliente llegar a mi tobillo y llenarme el zapato de la pasta pringosa que llevo en mis venas.

Me vigilan y en cuanto salga puedo morir de un disparo sin apenar saber de dónde viene, sin llegar a adivinar donde se agazapa ese cabrón que quiere mi alma, hehe , y eso que no sabe que mi alma se la quise vender al diablo y no la quiso. Bueno ha llegado el momento de irme a donde quiera que me lleve mi asqueroso destino, la lluvia será mi sinfonía, es como si el mismísimo Beethoven estuviera tocando la maldita quinta sinfonía, pero esta vez en vez de estar golpeando y llamando a la puerta la muerte me está tocando los cojones y me tiene bastante molesto.

Los primeros pasos no duelen y sigo vivo, voy arrastrando mi nariz por cada pared, tengo los hombros fuertes y ellos aguantan cada impacto, la piel de esa calle es como la de una puta vieja y enferma, busco donde no puedo ver a mi enemigo y aún sigue oculto con la bala que lleva mi nombre, voy avanzando, ya llevo media calle y al final de ella se encuentra el hospital de maternidad de la ciudad, hehe, bonito lugar para volver a nacer aunque fuera para tener una vida de alcohólico y perdedor.

Hay gente tirada en el suelo al final de la calle, creí que el único cadáver era de el hombre de la cara cortada, pero hay mas, pobres desgraciados madrugar para venir a morir a este vertedero, mis pasos son lentos y mis pulmones negros escupen la mierda del tabaco que llevo fumando desde hace una eternidad, lo que daría ahora por un cigarrillo aunque no fuera después de echar un buen polvo. Hay al menos tres cuerpos más y son al parecer de dos caballeros y una zorra, serán la alfombra que me despida de este horror maloliente.

Voy llegando a donde están ellos, ni las ambulancias ni la policía vendrán aquí, aquí solo llegan los ángeles caídos, aunque para ser honesto ninguno de estos tiene alas, he de pisarlos para pasar y espero que mi pie herido y ensangrentado no me falle en el último momento, parece que lo voy a conseguir veo al otro lado los carteles de la maternidad, hoy seré un puto recién nacido hehe, pero que veo… algo a mi lado se mueve, ¡joder! La zorra se mueve a pesar de la cara de muerta que tiene, me mira con la mirada sin brillo como si tuviera los ojos de carbón, en una de sus manos brilla algo y no creo que sea un crucifijo, lleva un cuchillo y no me da tiempo a apuntarla con mi pistola.

Veinte centímetros de afilada hoja me ha cortado las entrañas y ahora estoy en el suelo, de esta no salgo, siento dolor desde tantas partes de mi cuerpo que apenas ya puedo pensar, mi enemigo y verdugo al final era una furcia, hehe naci de una y moriré por una, y pensar que podía haber nacido en la maternidad blanca e impoluta como todos los jodidos críos y no arrastrado al mundo por las manos asquerosas de una matrona medio bruja.

Hoy muero sin haber empezado mi diario le digo como últimas palabras a la perra que vuelve a rajarme el cuerpo como si fuera un fardo de arena, quiero reírme antes del final pero mi rostro ya no responde, aún así me mira a los ojos y sé que ve mi sonrisa, lo sé porque suena un disparo desde mi cadera derecha y cae sobre mí, ¡no me jodas! hasta huele bien su cuerpo aplastando el mío.

Los últimos segundos pasan, los dos morimos y creo que es lo mejor para este mundo, yo no valgo nada y ella es mi hada madrina con cuerpo de ramera que viene a rescatarme, noto la sangre bajar por la garganta aunque no sé si es la mía, que mierda de vida que ahora baja el telón y acaba esta función, pero no aplaudan mucho no vaya a ser que mañana mueran ustedes hehe.

5 comentarios:

Liliana G. dijo...

¡Wooow! Impactante relato, José ¿una metáfora? Tal vez lo sea, hay vidas que se pierden entre los callejones tan oscuros como los del cuento, y se pierden porque quieren, porque buscan un sitio para redirmirse sin saber que en lugar de hacerlo sólo acaban siendo tierra de la tierra y festín de los gusanos.

Impactante de verdad, me gustó.

Un beso.

Susana Inés Nicolini dijo...

Hola! Que bello blog en toda su estética. He tenido el placer de leerte, y te agradezco tu comentario en uno de los míos.
Es un honor conocerte ¡Muchas gracias!
Me hago tu seguidora.

Jose Fco. Delgado Abad dijo...

Todo puede ser una metáfora liliana, depende de la creatividad de cada cual.
Gracias Susana por estar por aquí y por tu comentario.

MarianGardi dijo...

Tienes madera de escritor!!
No parece que seas un aprendiz o principiante.
Te lo he dicho antes?
Te animo a seguir, tu imaginación es un portento!!
Te debía visita
Gracias
gracias
gracias
Ah!! No me voy sin darte un beso

Jose Fco. Delgado Abad dijo...

Muchas gracias por tu comentario, los caminos de mi vida no me han llevado a dedicarme a la palabra, tal vez en otra vida

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