domingo, 30 de enero de 2011

La Reencarnación

Un hombre inteligente, mayor e ignorante un día decidió leer un libro al azar para de ese modo incrementar las fronteras de su cultura, abriéndolo sin leer lo que titulaba en la cubierta comenzó a enriquecer su falta de sapiencia.


Aquel texto le explicaba con argumentos etéreos y banales como una persona podía llegar a morir y volver a nacer en otro ser vivo, como se abandonaba el cuerpo cuando ya no era de utilidad para renacer sin recuerdos en otro fuera o no de ser humano.

Y como el ignorante suele ser crédulo pues no es capaz de llegar niveles intermedios de raciocinio no solamente disfrutó de la lectura sino que además absorbió todo aquello como si fuera una ciencia exacta. El ser humano en su gran parte necesita respuestas, no puede permanecer una pregunta sin respuesta y por ello en este mundo hay un sinfín de irrealidades inventadas para sustituir respuestas con mentiras, disfrazadas de religiones, de esoterismo o simplemente del más crudo de los engaños. Y si a la respuesta inventada le añades bondad aún será muchísimo más creíble.

El hombre cuando terminó su lectura quiso llevar la esencia de lo leído a sus amigos, y así lo hizo, algunos le creyeron y decidieron acompañarle en sus meditaciones, después, trataron de acercarse a la gente de la calle, unos los ignoraron, otros les lanzaron piedras y finalmente pocos le hicieron caso. De estos últimos, los que creían, salieron aquellos que empezaron a recordar otras vidas, donde siempre por supuesto fueron animales bellos en su recorporación.

Solo hace falta creer mucho en algo para poder convencer a otro, y la necesidad de llenar los huecos de la vida hace que el convencido lo sea fácilmente. Y este hombre además fue más allá, comenzó a prometer el “Nirvana” a aquellos que logaran salir de la rueda de la reencarnación, prometía ni más ni menos que la felicidad eterna.

Con el paso del tiempo, el hombre que creyó en algo con tanta intensidad es capaz de tener millones de seguidores, cada uno de ellos con un diferente nivel de tontería, pues de ellos el mundo está lleno y más aún cuando no se sabe diferenciar entre lo que se sueña y desea, y lo que se ha de creer.

Trato cada día de aprender más, y cuando no alcanzo a dar una respuesta a algo, simplemente digo que no lo sé, sin agachar la cabeza y apenas con una brizna de esperanza por llegar a saberlo algún día. Somos imperfectos, y nada más lejos de nosotros nos dignifica, solo nosotros mismos.

4 comentarios:

silvia dijo...

verdades como templos

madison dijo...

Me encantan tus reflexiones, me encanta las palabras que utilizas...

J. G. dijo...

genialidad textual, el de arriba no es muy guapo

Jose Fco. Delgado Abad dijo...

Gracias, pues si muy guapo no es hehe

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