domingo, 19 de diciembre de 2010

Querido Papá Noel

Eran tiempos duros y en un convento cercano a Salamanca las monjas habían conseguido esconder gran parte del tesoro histórico de las manos codiciosas del ejército, el cual requisaba todo lo que se encontraban a su paso y que tenía algún valor para así seguir costeando la guerra civil existente. Aquel tesoro constaba de numerosas joyas llenas de piedras preciosas de origen medieval.


Cerca de aquel lugar al anochecer y con mucho frío se encontraron dos amigos cincuentones en una conocida taberna y al verse no pudieron evitar empezar a recordar viejos tiempos, entre tragos de buen vino su conversación terminó entregada a la vieja rivalidad que siempre habían tenido para realizar burlas pesadas a costa de sus viejos profesores monacales, realmente ambos fueron como dos diablos en sus tiempos de estudio y recogimiento. Risotadas y más vino acabaron por que uno de ellos, el que se sentía ganador, le retaba a realizar esa misma noche una nueva hazaña. Le propuso hacer una travesura con el disfraz de Papa Noel que llevaba en el coche, debería ir a hurtadillas vestido con el disfraz, saltar la valla del convento que había cerca, llegar a la sacristía y subir al campanario, una vez allí hacer sonar las campanas mientras les deseaba feliz navidad a las monjas sorprendidas ante tal estruendo en las horas de sueño.

Con la borrachera que ambos tenían entonces decidieron hacer tal burla, así que uno de ellos se disfrazó de rojo y blanco quedándole espléndidamente debido a su oronda figura, incluso se puso la barba postiza, mientras el otro quedaría fuera para filmarlo todo.

Reinaba la quietud en aquel lugar la cual fue bien necesaria para saltar la valla dado su estado de embriaguez y la escasa agilidad de este indiscreto Papa Noel, una vez lo hizo cruzó un jardín destrozando toda planta que encontraba a su paso y llenando de barro sus botas, hasta que se acercó a una ventana de madera cerrada, recordó de sus años de estudiante que estas nunca tenían pestillo para asegurarlas así que con un golpe seco la abrió. Entró en una sala grande llena de claroscuros, y lentamente decidió atravesar la penumbra y llegó a un corredor, recordaba vagamente la disposición de las diferentes estancias y fue recorriéndolas despacio, en ocasiones en círculos.

Llegó a lo que debería ser la puerta de la sacristía, una puerta preciosa de roble y platería, a los lados vigilantes dos armaduras medievales imponían respeto pero no para este ilustre borracho ya que al llegar a ella golpeó una de ellas haciendo que esta cayese al suelo rompiendo el silencio y la paz de aquel lugar con un estruendo terrible. Rápidamente se escondió detrás de un escritorio y esperó a ver qué ocurría, poco a poco se fueron oyendo voces de las hermanas del convento alteradas y de luces que se encendían. Fue en ese momento cuando recordó donde se encontraba y de un escondite en el suelo tras una trampilla desde el cual cuando era joven hurtaba el vino al sacerdote, la buscó torpemente y tras unos segundos la encontró bajo una vieja alfombra, tiró de ella abriéndola trató de meterse dentro, tuvo que sacar un saco que había dentro para hacer espacio y finalmente a duras penas logró entrar dentro.

Dejó pasar un tiempo prudencial tras haber escuchado pasos y voces cerca de donde se encontraba, al salir de su escondite reparó que el saco que había sacado era perfecto para su disfraz de Papá Noel y quedaría genial en la toma final de la broma, así que lo recogió y se lo echó al hombro dirigiéndose a las escaleras que subían al campanario, justo en ese momento fue cuando dos monjas una de ellas la madre superiora le vieron entrar, asustadas y escépticas de ver a Papa Noel corriendo por su convento decidieron seguirle para ver don iba, mientras daban la alarma a gritos llamando al resto de las hermanas.

La lentitud del borracho y la agilidad de las monjas hizo que cuando este llegara a lo más alto del campanario ellas estuvieran apenas a unos metros, justo en el lugar ideal para ver al Papa Noel tirando de la cuerda que hace sonar las campanas y gritando: ¡Feliz Navidad! ho ho ho, Feliz navidad!, en ese momento ellas se acercaron a detenerle desequilibrándole de modo que cayó del campanario a los jardines que había detrás.

Al día siguiente alguien había informado a la prensa de lo sucedido y esta se acercó al convento para saber sobre lo ocurrido. La madre superiora y otra monja más joven se dirigían a atender a los periodistas, mientras caminaban iban hablando:

Madre superiora- es conveniente que la prensa no se entere de nada

Monja joven:- ¿no se debe enterar que alguien entró la noche pasada al convento?

Madre superiora- No se deben enterar que fuimos robadas, que nuestro querido tesoro escondido existía.

Monja joven- tienen imágenes que alguien tomó de un hombre en nuestro campanario

Madre superiora- Pues tu misión es hablar con ellos y darles una respuesta convincente que resuelva lo que ocurrió y las imágenes que tienen.

Monja joven- Trataré de estar a la altura madre, aunque le confieso que es una difícil tarea y aún no se qué decirles.

Madre superiora- Piense rápido, piense rápido.

Al llegar a la sala donde la prensa esperaba ambas se sentaron y comenzaron las preguntas:

Prensa- ¿Es cierto que ayer alguien entro al convento y fueron asaltadas?

Monja joven- Si es cierto que alguien traspasó nuestras puertas

Prensa- Hay imágenes de un hombre disfrazado de Papá Noel en el campanario agitando un saco mientras deseaba feliz navidad.

Monja joven – ese fue el hombre que entró en nuestro convento

Prensa- ya que dice que efectivamente fue ese el hombre que entró en su convento, y si le dijera que un hombre son similares características fue arrestado por la policía una hora después de los hechos cerca de allí.

Monja joven- Me parece estupendo que nuestras fuerzas del orden arrestasen a esa persona ya que pudiera ser un peligro para sí mismo y los demás.

Prensa- Y si nuevamente le dijera que dicho personaje llevaba consigo un saco lleno de joyas del medievo de incalculable valor. ¿Qué diría la iglesia de esto?

Rápidamente la madre superiora se lazo y con voz firme dijo - ¡Papá Noel existe!

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