viernes, 3 de diciembre de 2010

El Retratista

Dicen los mejores retratistas que si consigues llegar a dibujar bien de alguien sus ojos ya tienes prácticamente el retrato hecho. Pero nuestro retratista iba mucho más allá ya que cuando dibujaba era capaz de ver no solo el rostro de la persona sino también la belleza que había en su interior, de este modo sus retratos al óleo se convertían en un reflejo del alma y de la verdad que hay en ella.


Y así fue como se hizo muy famoso en sus días y cuentan que ni la cuarta parte de los cuadros suyos salían a la luz, pues la gran mayoría terminaban quemados en el propio estudio. Aquel que podía presumir de uno de ellos en su hogar era muy admirado por el resto de la sociedad, y el que no lo tenía solía decir que no creía en ello, por muy cierto que fuera y aunque tuviera que recordar aquella imagen horrible que quedara en el lienzo el día que fue retratado.

Una de las personas más ricas del lugar un día se acercó hasta él para pedirle que pintara el rostro de su bella mujer, no quería uno de sí mismo pues temía en gran medida que al no haber hecho todo en su vida de la manera correcta saliese desfigurado. Aquel caballero le ofreció una gran suma de dinero si hacía que ella quedara tan hermosa como se la veía, pues sabía de la importancia para ella de ser admirada y como pasaba con el mismo también se temía que el retrato no fuera el reflejo buscado de su joven esposa. El pintor le contestó que no podría hacerlo ya que su arte se realizaba con un pincel dorado mágico que por sí solo creaba aquellos retratos.

El caballero estaba decidido a conseguir el óleo de su esposa así que el día antes del que sería ella retratada, por la noche mandó a alguien a que sustituyera el pelo de dicho pincel, y así lo hizo.

La dama poseía un rostro blanco donde la luz se recreaba en hermosas formas, era realmente bella y se dispuso junto a un enorme ventanal a ser retratada. Con delicadeza el artista empleo toda la tarde en el retrato, dibujó sin apenas levantar la mirada para verla. Cuando hubo acabado llevó el lienzo a una estancia continua sin que nadie lo viera y regresó, solía dejar que la persona retratada lo viera antes de decidir si quería mostrarlo o por el contrario destruirlo.

Antes de llevarla a ver el cuadro, el caballero se acercó hasta el pintor y le entregó la suma de dinero acordada mientras sonreía, al recoger el dinero de su mano le comentó que porque le pagaba sin aún haber visto el cuadro, y este le contestó que estaba seguro de que su mujer era bella tanto por dentro como por fuera. Y esta vez el pintor fue el que sonriendo le contestó: “Pues me alegro de verdad que esté tan convencido de ello, porque dos cosas he de decirle, la primera es que sin mi pincel mágico no sé realmente hacer retratos que puedan ser más que una simple caricatura”, el caballero rápidamente le interrumpió abriendo sus ojos enormes y despreciando al artista le comentó que como entonces había conseguido terminar la obra y que debía ser quemada antes de su esposa lo viera. Pero el artista continuó hablando y le dijo. “lo segundo que tengo que decirle es que jamás tuve un pincel mágico dorado”.

El caballero entendió rápidamente que entonces el retrato de su mujer se había hecho con el auténtico pincel mágico y de igual forma quería destruir el cuadro, pero el artista le expuso que si tan convencido estaba de la belleza de su mujer no debería dudar que aquel cuadro lo reflejase.

De este modo el pintor y la joven dama entraron en la sala continua y descubrieron el óleo el cual aún muy fresco dejaba que el olor de los aceites llegara a ellos. Al verlo ella comenzó a llorar y corriendo fue a buscar el abrazo de su caballero, al llegar a donde estaba con los ojos empapados le dijo que era lo más hermoso que había visto nunca.

Cuando se marcharon de aquel lugar el caballero fue a abrazar al artista y susurrando le dijo que sabía que era hermosa de verdad, a lo que contestó: “ahora si lo sabe, tómelo como un principio para conocerla mejor y vuelva en unos años para que le haga uno a usted y recuerde que saber lo que uno tiene es infinitamente más importante que presumir ante los demás de lo conseguido en la vida”.

8 comentarios:

ana dijo...

Preciosa historia, los ojos son el espejo del alma. La chica elocuente a través de su mirada.

besitos

madison dijo...

Cómo me gusta esta frase:
"saber lo que uno tiene es infinitamente más importante que presumir ante los demás de lo conseguido en la vida"

Casi nunca sabemos ni valoramos lo que tenemos. Damos por hecho que lo sabemos, pero no es cierto.
Como siempre un auténtico placer leerte José.
Buenas noches

Liliana G. dijo...

Encantador relato, José Francisco, tiene magia y mensaje ¿qué otra cosa se puede pedir de un cuento?

La seguridad que un ser humano tiene de su pareja, es inversamente proporcional a la seguridad que él mismo está dando al otro. Paradojas de la vida...

Un beso grande.

Mª Teresa Sánchez Martín dijo...

Genial, de profunda reflexión. Eres bueno escribiendo relatos, tienen un punto de misterio que me gusta.


Saludos

danilita21 dijo...

Muy lindo!!
es cierto.

saludos

Ana Muela Sopeña dijo...

Muy hermoso relato. Conozco a un pintor que hace exactamente esto. Algunas mujeres muy bellas no pueden soportar que él exprese en el lienzo su interior (a veces terrible, a veces triste o lleno de ira) y no se quedan con el cuadro.

Me ha encantado

Un abrazo
y enhorabuena
Ana

marcos robinson cayllahui iquiapaza dijo...

me párese una buena historia el artista tiene que ver primero con la belleza del arte dentro de el mismo y luego poder inspirarse....

marcos robinson cayllahui iquiapaza dijo...

me parece bien el relato.. por que un artista primero ve la belleza del arte y luego se inspira en el dibujo..

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