martes, 16 de noviembre de 2010

Esperando la soledad

Era un parque casi sin árboles, con cercados rectangulares verdes y setos frondosos a cada paso de los múltiples y serpenteantes caminos. En aquella llanura apenas tuvieron que hacer mucho para tener un parque, acotarlo, recortarlo un poco y colocar un par de puertas por las que comenzar a andar.


Los hilos de luz del sol quemaban mi piel a fuego lento, mientras trataba de hallar un banco en la sombra, pero no fue posible, había uno junto a un árbol que pasada aproximadamente media hora daría sombra, fue un cálculo preciso ya que sabía que mi espera sería larga y fue lo que obtuve.

Sentado allí esperé a que mis pensamientos se ordenaran, ellos solos, a través de mi subconsciente como otras veces. El aire era tan puro que cada vez que respiraba recordaba las veces que uno ha bebido del agua fresca de un manantial.

Y te recordé casi perpetua y adormilada echada en tu sofá con olor a nuevo jugando al trasluz en un ajedrez de luces y sombras, te recordé así porque te espero aunque tú no lo sabes y sin saberlo no creo que vengas y volveré entonces a estar solo. Quizás esté esperando a la soledad, quizás ya esté solo y solo deba comprenderlo.

Distraigo mis pensamientos soñando con las vidas de otros mientras los veo en su recorrido por el parque, tal vez la mitad sean felices aunque aquí lo parecen todos, yo pudiera parecérselo a alguien, quizás sean felices la mitad de la mitad, yo no lo soy.

Y espero mientras escucho una música de fondo de alguien que no espera, es hermosa, y me lleva a tu lugar y a desear que tu sofá de plata este vacío y que desde allí hasta donde estoy tu perfume recorra la distancia para dejar de estar solo.

En mi cabeza se repiten los ecos de muchas imágenes felices, de puntos en la vida donde una ilusión lo cambio todo, nada puede regresarte allí, no puedo ir a ningún lado, solo queda esperarte soledad para que me embriagues de tristeza, de palabras que no se pronuncian y de lágrimas que explotan en décimas de segundo.

Estaré aquí con el silencio que lleva dentro el que no es escuchado, con las manos cerradas como dos piedras hundiéndose en un río sin vida, esperando a sabiendas que nadie vendrá, hasta que consiga asumir mi inmensa soledad como pago a una vida de tantos momentos rodeado de otros.

Y cuando realmente sepa que estoy solo será cuando empiece a buscar tu compañía.

2 comentarios:

madison dijo...

Excelente y emocionante. Lo he leido tres veces José.
En la reflexión se barajan cosas importantes en la vida de una persona,como los sueños, la soledad, la esperanza...me he puesto melancólica.
Un beso

Jose Fco. Delgado Abad dijo...

Gracias Madison, espero que solo haya sido una gotita de melancolía y que ya se haya diluído.

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