jueves, 11 de noviembre de 2010

Cuento de Hallowen: El Creador de Sombras 2 (final)

 
La vida de aquel hombre envuelto en las sombras ahora parecía acercarse más a la perfección con ella a su lado en carne y hueso. Sabía que había un precio y que cada día ella desaparecía de su lecho regresando un par de horas después fría como el hielo y sin decir nada se volvía a dormir. Tampoco quería leer los diarios ni quería que nadie le contase sobre los últimos sucesos en la ciudad, se temía lo peor, que pudiese ser algo cruento y mortal, el no quería saber.


Pero poco a poco ese temor fue creciendo en su conciencia, hasta que llegó el día que necesitaba saber lo que ocurría, cuando ella no le veía leía los diarios en busca de noticias impactantes e incluso de pequeñas reseñas en la página de sucesos, pero no aparecía nada. Hubo un día en el que pudo leer entre las páginas de un pequeño diario local una noticia sobre ciertos asesinatos que estaban ocurriendo durante las noches, mujeres cuyo cadáver se encontraba mutilados de una extraña forma, todo aquello que fuera cercano al color blanco de su cuerpo desaparecía, incluso de su piel o de su rostro, aquel artículo comentaba de una manera espantosa que alguien les había robado su luz después de asesinarlas.

La mente del titiritero nunca fue moralmente perfecta, pero de algún modo tenía que evitar que aquello siguiera ocurriendo así que decidió seguirla una noche. Salió de la casa tras ella la cual iba perfectamente arreglada y manteniendo la distancia le llevó por callejuelas hasta el centro de la ciudad prácticamente, junto a un solar vacío y oscuro una pequeña casa era la única que iluminaba la zona a esas horas, llamó a la puerta y alguien la dejó pasar. Sin pasar mucho tiempo en su espera un grito desgarrador y nervioso provino de aquella casa y recorrió su cuerpo agitándolo pero dejándolo inmóvil a la vez. Minutos después ella dejó aquel lugar y él corrió entonces veloz a su hogar, a su lecho conyugal donde la esperaría. Ella llegó como siempre, se acostó y durmió, pero el pasaría la noche en vela con la sensación y el recuerdo terrorífico de aquel grito estremecedor.

No fue la única noche, hubo más y todas parecidas, a veces no era un grito sino varios, a veces aquello duraba más y otras menos, y aquel pequeño diario local continuaba relatando las muertes que en la ciudad ocurrían. Su mundo fantástico y a la vez real, el mundo que había creado no era mejor que el que disfrutó en el pasado, le estaba volviendo loco.

Decidió entonces una noche acabar con todo aquello, bajo su abrigo escondió un rifle de caza que guardaba desde hace tiempo y con una acertada excusa a ella de que debía salir esa noche pronto llegó junto a aquella casa y rompiendo un cristal del sótano entró. Dentro no había muchas estancias, en la parte de arriba un dormitorio y un salón, en la de abajo, por donde entró, una camilla junto a una serie de artilugios y herramientas de cirujano, en algunos lugares de aquel sótano no se había limpiado bien los rastros de sangre. Decidió esconderse tras un biombo que parecía no ser utilizado junto a la pared.

Cuatro horas después aproximadamente, dos personas entraron en aquella casa, ambas pasearon rápidamente por la misma mientras apenas intercambiaban palabras, las cuales difícilmente podía escuchar, finalmente se llamó a la puerta y entró en la casa la que debía ser su mujer, las otras personas la recibieron y durante un tiempo no se escuchó nada más. Un rato más tarde sintió como varias personas bajaban al sótano, se escucharon algunos golpes y como movían aquellos artilugios y herramientas. Se encontraban a unos tres metros de él, tenía sus dos manos sudorosas sujetando fuertemente el rifle, respiraba por la boca para tratar de hacer el menor ruido posible, debió quizás haberse quitado el abrigo. Un grito que resonó de una manera infernal en aquel sótano le hizo pegarse con todas sus fuerzas a la pared, él sabía que estaban torturando de nuevo a alguien, quitándole su luz, una nueva víctima que aparecería en los diarios, pero impávido no conseguía moverse, se sintió horrorizado de estar allí. Un segundo grito y de nuevo se golpeó con la pared que tenía detrás, pero en esta ocasión alguien le escuchó y se sobresaltaron pensando que había alguien allí, se oyeron golpes y una persona que salía corriendo, el biombo cayó al suelo y empuñó el rifle mientras el sudor resbalaba por su rostro, una mujer ensangrentada le miro con pavor y otra persona parecía también salir huyendo, entonces disparó, disparó como si aquellos cartuchos salieran de su mismo corazón siendo certero en ocasiones, los suficiente para que no pudiera huir y cállese entre las sombras, sin volver a moverse, sin volver a respirar. Pero él no quiso acercarse y se giró hacia la mujer ensangrentada, la dijo “estás a salvo”, pero no parecía entenderle, la guió para salir de aquel lugar por donde había entrado, y regresó a su casa. Pero esta vez no se acostó en su lecho marital, esta vez quedó en una esquina por si regresaba, no lo hizo, nunca más regresó.

El tiempo pasó de nuevo y él no quería volver a realizar ninguna representación de sombras chinescas, necesitaba tiempo para comprenderlo todo, para entender y asimilar su culpa, quería permanecer oculto y eso hizo durante meses.

Cuando llegó el verano, decidió que se encontraba mejor y fue a dar un paseo por la mañana, desayunó en una terraza elegante y empezó de nuevo a respirar a pleno pulmón. Y fue entonces cuando al pasar por una tienda de prensa en su escaparate vio un titular que primero le llamó la atención y después hizo que un escalofrío recorriera su cuerpo, en el decía que finalmente habían encontrado a los asesinos de aquellas mujeres, que había sido una secta la que cruelmente había asesinado a todas aquellas chicas. No lo entendió, porque él había sido quien puso final a aquello y hace meses. Su cerebro empezó a pensar y una idea le vino a la cabeza, una idea terrible, recordó los gritos de aquellas mujeres y se dio cuenta que siempre habían sido los mismos, de la misma mujer, no de diferentes gargantas a atormentadas si no de la misma, por lo tanto, la mujer que gritaba allí cada día debía ser siempre la misma.

Mas pensamientos fueron de nuevo atormentándole, de nuevo su vida se convertía en un caos de ideas y sentimientos. Decidió ir de nuevo a aquel lugar donde había ocurrido todo, a aquel lugar de miedo y horror.

AL llegar a la casa llamó a la puerta, rápidamente esta se abrió, y ante él se encontraba aquel hombre que le guió hasta el pacto para encarnar a la mujer de sus sueños, el supuesto heredero de la magia de los druidas. Su confusión era absoluta hasta el punto que enmudeció, el druida le invitó a pasar y a que se sentara, lo primero que le dijo fue “has tardado mucho en venir”, después de eso le relató los sucesos de hace unos meses. Su amada tenía que pagar un precio por vivir en la luz, este precio era el de someterse a ciertas investigaciones para obtener la fórmula que podría sacar de las sombras algo más poderoso, un dios de la tinieblas, algo engendrado por el mismo Samán según él decía, dichos experimentos eran tremendamente dolorosos y requerían de los artilugios y momentos apropiados. Todo iba más o menos bien, hasta que un día hace unos meses un loco entró en esa misma casa y la disparó mortalmente con un arma de fuego. Ocultó su cuerpo pues solo una persona podría echarla de menos.

Cuando marchó de allí pudo finalmente comprenderlo todo, el mismo la había matado, y ella no había sido verdugo de nadie sino una víctima más.

Aquel titiritero desapareció, nunca nadie más supo de él, dijeron que llegó a la locura por amar a alguien que nunca existió, que hablaba con susurros a las sombras que se encontraba a su paso como queriendo buscar a alguien, que en sus ojos ya no había luz. Otros dijeron que se marchó lejos y ahora llegan noticias de un gran creador de sombras chinescas y que sus representaciones son extremadamente reales.

Y todos los días a la misma hora alguien se sigue despertando para recorrer las calles en busca de los gritos desesperados de quien está a punto de dejar esta vida.

4 comentarios:

Mª Teresa Sánchez Martín dijo...

¡Tremendo relato!
Si creemos en nuestros sueños conseguiremos que se hagan realidad, y dejarán de ser realidad en cuanto dejemos de creer en ellos.

Un saludo

Jose Fco. Delgado Abad dijo...

Cierto, aunque hay que tener cuidado con lo que se sueña

Liliana G. dijo...

Aquí llego desde el principio de la historia, y el desenlace no me defraudó, es estupendo.
Un cuento, una metáfora de la vida y de los sueños. Alcanzar una utopía parecería alcanzar la gloria, pero la gloria que soñamos un día, se transmuta en el insomnio que la realidad nos puso delante en el presente.

No perder la capacidad de soñar, pero tampoco perder la capacidad de vivir...

Me encantó.

Besos, José Francisco.

Jose Fco. Delgado Abad dijo...

Gracias Liliana, me gustó mucho tu última frase, las capacidades de soñar y de vivir en ocasiones echan un pulso importante.

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