sábado, 20 de noviembre de 2010

Cartas de la vejez

En un escritorio de roble antiguo escribía cartas de su vejez, llenas de recuerdos, de alegrías llenas de músicas antepasadas y de un embalse lleno de lágrimas a punto de reventar en cada palabra que sumaba.


Su piel era blanca y su cabello blanco, aún el fondo de sus ojos era blanco y su sonrisa también lo era. Escribía temprano mientras escuchaba la mañana desde la ventana abierta, después hasta el mediodía recordaba sus encantos acicalándose para nadie en su espejo barroco de platería cuidada, dormía ligeramente esperando a la tarde y en ella a veces cantaba junto a su pájaro cantor amarillo como el limón. La noche llegaba rápido y antes de dormir siempre besaba la foto del que fue su amor casi cien años.

Sus cartas eran de amor, no de la nostalgia del sentimiento, sino de la esperanza de continuar allí donde se detuvo. Sus cartas eran cuadros de soledad para volver a amar y nunca más sentirla.

Le gustaba el manto de seda fría sobre sus hombros, le gustaba tanto que a veces no recordaba que lo llevaba puesto y lo buscaba. Y algunos días en los que casi no recordaba nada bailaba soltando sus manos como dos aves cansadas y entre murmullos repetía su nombre con la entonación de otros.

Escribía sus cartas y las perfumaba de violeta, y lo hacía con la caligrafía de la mejor amante, después las guardaba todas y a final de mes las dejaba junto a la tumba del que fue su amor casi cien años.

6 comentarios:

silvia dijo...

Que lindo, me recordo a mi abuelita en ciertas cosas. La vejez es una etapa donde se refleja mucho de lo vivido.

danilita21 dijo...

Dulce como el almibar perdura el amor entre los cardos más venenosos, entre los tiempos mas nublados y hasta en los hermosos jardines de primavera.

Jose Fco. Delgado Abad dijo...

Muy bonito danilita, por cierto me gusto también tu blog, te añadire a la lista que tengo aqui si lo permites.

madison dijo...

Es el amor verdadero, que aunque a veces cueste de creer existe.
Sonrojarte al pensar en la persona amada por muchos años que hayan transcurrido desde la primera vez, estremecerte al escuhar su voz...
Maravilloso relato José, como siempre sabes ahondar.
Un beso

FRANCISCO PINZÓN BEDOYA dijo...

Sí, hermoso, el amor sin edad. Me gustó mucho: "Sus cartas eran de amor, no de la nostalgia del sentimiento, sino de la esperanza de continuar allí donde se detuvo"

Un saludo desde Colombia

Mª Teresa Sánchez Martín dijo...

He estado leyendo tus últimas entradas, me encantan, pero esta es preciosa. Qué historia más bonita. Me ha emocionado.

Saludos

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