jueves, 7 de octubre de 2010

La Quinta Pared

A lo largo de la vida uno pasa por diferentes etapas y estaciones las cuales son consecuencia en muchos casos de nuestros actos o decisiones, pero desde luego son parte de la evolución que nos lleva al presente.

Hace un tiempo no muy lejano tuve que hospedarme en una ciudad donde no conocía nadie y pude arrendar un pequeño estudio en el centro de dicha localidad, no era aún así muy ruidoso pero era extrañamente confortable a pesar que denotaba algo de abandono, me encontraba bien y permanecería allí unos meses.

Al cabo de unos días y no antes ya que soy bastante despistado, me dio la sensación que en ocasiones al lugar parecía mas amplio, no había muchos muebles y era sencillo apreciar los espacios y el equilibrio de la estancia. Me dí cuenta que unas veces aquel lugar era simplemente rectangular y en otras hacia el fondo del salón parecía ser más amplia, parecía haber una pared mas convirtiendo aquello en un pentágono habitable.

Después de analizarlo detenidamente llegué a la conclusión de que aquel lugar cambiaba de forma, aumentaba con una quinta pared el espacio existente. No quise comentárselo a nadie por el momento por si me tomaban por loco y decidí investigar que ocurría exactamente y por que.

Días después descubrí dos cosas sobre dicha pared, ambas de gran relevancia y sorprendentes, lo primero era que la pared aparecía solamente cuando yo tenía algún tipo de duda y que no desaparecía hasta que la propia duda lo había hecho. Lo segundo que descubrí fue que cuando perdía mi vista en el muro de esa quinta pared, como si lo hiciera mirando a un cielo alto y de azul claro, de alguna manera resolvía aquello que me mantenía dubitativo, llegaba a una conclusión de una manera sencilla.

Nunca fui una persona que necesitara tomar grandes decisiones y tampoco fui alguien tardara en hacerlo. Aquello que estaba ocurriendo, fantástico y especial debía ser por algo así que decidí indagar que personas de mi entorno pudieran necesitar de tal apoyo ante las decisiones. De este modo con artimañas logré invitar a tres personas a mi casa la cuales todas tenía ante sí una duda que les atormentaba y cuya decisión sería crucial en si vida.

La primera de ellas era el propietario de una panadería en frente de mi casa al cual el negocio no le iba muy bien, además de eso tenía un hijo que debía o bien quedarse a ayudar en ese mismo negocio o partir fuera de esa ciudad a iniciar sus estudios universitarios. La segunda persona era un compañero de trabajo con mal de amores, si revelaba su amor podría perder el trabajo, eso al menos me dijo. La tercera persona era la mujer que realizaba el aseo en mi oficina, la vi en una ocasión cabizbaja y me confesó a altas horas de la tarde que afrontaba una importante decisión.

A este variopinto grupo les preparé una cena temprana a las siete de la tarde, ninguno de ellos sabía lo que ocurriría.

Cuando todos hubieron llegado a el apartamento solo había cuatro paredes y una mesa repleta de exquisiteces, entonces me dispuse a relatarles lo que iba a acontecer y ante su mirada absorta y poco crédula les pedí que contasen las paredes y mirasen bien el apartamento.

La velada transcurrió después de un modo agradable curiosamente no me tomaron por loco pero pensaron que todo fue una excusa para poder relacionarme socialmente en un lugar al que había llegado nuevo.

El buen vino y lo afable del momento hizo que cada uno se abriera a contar aquello que les apesadumbraba, empezó ella.

Debido a un problema en sus piernas necesitaba urgente de una operación antes de que el dolor fuera insufrible, lo tenía todo listo para ello pero tenía un problema con el trabajo ya que por la modalidad de su contrato si se ausentaba para ello no recuperaría el trabajo al volver, por su situación económica no se lo podía permitir, el resto de su familia vivía en otra ciudad.

Todos quedaron conmovidos con esta historia y yo miraba hacia el lugar donde debería surgir la pared pero no pasaba nada. Ya con el segundo plato mi compañero de trabajo nos contó su problema.

Hacía mas de un año que estaba enamorado pero no se atrevía a confesarlo debido a que esa persona era muy influyente en su vida, pasaba las noches pensando en ella y lo mas interesante es que esa misma mujer mostraba los síntomas evidentes de la comunicación no verbal de sentir lo mismo.

Ya cuando llegamos al postre, el panadero se dispuso a contarnos su problema, la velada fue interesante, aunque en ningún momento aquella habitación cambio su forma.

Al final todos quedaron satisfechos de aquella cena, había llenado el estómago y vaciado un poco el espíritu de desánimo.

Cuando se marcharon yo quedé un largo rato allí sentado esperando que algo mágico ocurriese, pero nada, me fui a dormir.

El tiempo de mi estancia en esta ciudad no se alargó mucho más y cuando apenas quedaban unos días para marcharme, me encontré de nuevo en la oficina a mi compañero, había estado ausente un tiempo, le pregunté como se encontraba y su rostro se iluminó sonriendo y me llevó aparte a un despacho, me dijo que me tenía que contar grandes cosas.

Me vi tremenda y gratamente sorprendido de lo que me contó, nunca funcionó la velada de aquel día como lo dispuse pero desde luego que los resultados fueron sorprendentes. Su amor platónico, que ya no lo era, resultó ser nuestra jefa la cual le confesó idéntico amor hacia el, y en sus conversaciones de cama le había pedido interceder por la mujer de la limpieza para que pudiese conservar su trabajo después de ser operada. Así mismo el panadero finalmente envió a estudiar a su hijo a la ciudad que quería, en la cual vivía la familia de esta mujer de la limpieza la cual le dio hospedaje de manera muy económica a cambio también de que ella dispusiera de ciertos alimentos gratuitos por parte del panadero.

Todo se había solucionado sin necesidad de esa quinta pared, la cual no volvió a aparecer a pesar de mis muchos intentos, hasta el punto de que he llegado a pensar que nunca existió.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Un relato interesante, me quedé con ganas de saber cosas al final.

madison dijo...

Todo es cuestión de tiempo. Todo tiene su momento.
Y la comunicación es primordial, como los sueños Me encantan tus relatos

Liliana G. dijo...

Creo que todos nosotros tenemos una quinta pared delante nuestro, una que nadie ve e incluso tampoco nosotros, pero es la que nos obliga a poner en marcha nuestro mecanismo de defensa ante la incertidumbre de la vida.
Escuchar y ser escuchado abre las puertas... o paredes, que nos bloquean ante las indecisiones.

Tu cuento fantástico me pareció genial.

Un cariño grande.

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