miércoles, 13 de octubre de 2010

El Remedio del Tonto

Los tontos son legión y hacen un mundo arduo para otros que estiman las edades de la lógica, y los hay tan osados como creídos rellenos en su ignorancia. Los hay crédulos, inexpertos, simplemente idotas, estultos, necios, tardíos, insensatos, fatuos, rústicos, groseros… y suele ocurrir que no hay remedio para ello.


Aquel que se siente en el trono de la irreverencia se levantará de el a cuatro patas, con rebuznos en su garganta y todos salvo los iguales por asno le tendrán.

Dos características importantes pilares de la tontería son la parálisis y la falta de sensibilidad. La primera del anonadado, el inmóvil que no hace nada porque no entiende o nunca entenderá, la segunda es la del que no es capaz de percibir mediante los sentidos y a veces el “corazón” el modo idóneo de llegar a los demás.

Los hay a los que se les perdona, que son los fatuos, porque en ellos hay falta de juicio. Los hay que van derramando en sus pasos y formas la estulticia, esos a pesar de tener juicio de lo que adolecen en gran medida es de sabiduría.

La sensibilidad se parece mucho al buen gusto, a los buenos modales, es el modo de percibir la realidad dulce o amargamente, hay quien lo tiene deformado y quien lo tiene bien resuelto.

Santo Tomás de Aquino diferenciaba al tonto estulto en dos variedades, el especulativo que es quien no teniendo buen intelecto actúa bien, y el práctico que es el que siendo inteligentísimo no sabe actuar bien.

Y aunque no es peligroso caminar entre tontos si lo es según se interactúa con ellos, por esa misma razón en la vida uno ha de saber a quien se arrima y con quien se comunica o hace acuerdos.

He tratado durante años de encontrar un remedio para la tontería, pero no lo he hallado y me inclino a pensar que no existe, lo lamento por los que me leen y sufren de alguno. Es mejor simplemente dejarlos atrás.

3 comentarios:

silvia dijo...

Pues alguno conozco si, los hay que dan pena y otros que dan penalidades

Liliana G. dijo...

La tontería es un mal crónico al que le hacen mella los antiinflamatorios, los antibióticos y los sedantes. La única solución para un tonto es que se asuma como tal y que obre en consecuencia, es decir, que se calle la boca...

Tan bueno como siempre, José.

Cariños.

madison dijo...

Y además de la tonteria creo que se puede añadir una buena dosis de estupidez.
Es una pena, pero así es.

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