lunes, 6 de septiembre de 2010

En la orilla, día treinta y dos

Ya no hay caminos solo un desierto inmenso delante y empiezo a tener espejismos de lo que fueron promesas tangibles.


En ocasiones uno después de leer un libro se queda días pensado sobre las palabras que recorrió y decide discretamente que tomará para si mismo y que abandonará. Últimamente no he leído mucho y la carencia de aportes me hacen sentirme torpe, tal vez como esa frase que uno lee una vez y olvida.

Mi parte mágica cada vez lo es menos, he perdido algunas habilidades de las muchas que obtuve y espero con la luz de la esperanza intermitente sabiendo que en este mundo no existen las salas de espera.

Hoy veo el cielo mas pequeño y encogido, incluso lo veo mas cerca del suelo, esta claro que no es mi cielo si no mas bien un engaño que yo mismo me he inventado para tenerlo todo mas cerca.

Aún soy feliz uno de cada cien segundos y no se porqué, aún me mantengo sin cristalizar para no perderme por una esperanza errática. Sigo sin estar solo a pesar de asumir ciertas derrotas, todavía hay quien me ve con el semblante de la victoria.

1 comentarios:

madison dijo...

La parte mágica, esa en la que existe algo de fantasía no deberia desaparecer jamas, a pesar de los errores, de la vuelta a la realidad.

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