viernes, 9 de julio de 2010

La Pluma de avestruz


Nunca se imaginó que entre aquellas callejuelas enredadas encontraría una tienda entrañable en la que poder comprar objetos de regalo, cosas especiales que no se encuentran en tiendas comunes, y le fue de gran utilidad porque lo que buscaba era realmente atípico. Su vida estaba vacía, posiblemente por elección, y ya no le quedaban objetos que le evocasen recuerdos, pero el ser humano necesita tener algún tipo de raíz, o al menos creérsela, así que decidió inventárselo simplemente comprando algo que pudiera ser un recuerdo respetado.

Y así fue como entre el olor a madera vieja y a polvo reciente, y entre los sonidos de relojes antiguos mal afinados y el abrir y cerrar de baúles viejos sin grandes tesoros en su interior finalmente encontró algo que colmó sus expectativas. Una urna de cristal templado que condenaba en su interior una pluma blanca de avestruz, en la inscripción sujeta a ella decía que dicha pluma formaba parte de uno de los abanicos del faraón Tutankhamón y que daría buena suerte a aquel que fuera su guardián.

Dicha urna fue ubicada en el centro del recibidor de su casa, y paso el tiempo, hubo fiestas, visitas a la casa, amantes, y a todos ellos les contaba que dicha pluma era una herencia familiar que el guardaba con amor, y que gracias a ella y a sus poderes mágicos la vida le sonreía, y era cierto, la vida le iba bien, e excepción tal vez de la parte afectiva la cual no terminaba de completarse.

El tiempo continuó pasando y aun que uno haya comenzado una nueva vida todo empieza también a madurar, uno termina volviendo a aferrarse a ciertas cosas.

Y llegó un día que contrajo matrimonio, y a su nueva esposa le contó la misma historia que contaba a todo el mundo sobre la pluma, era una alhaja familiar.

Con los años tuvo descendencia, y fue uno de sus hijos el que un día jugando en la casa golpeó sin querer la urna, esta calló al suelo y se rompió, rápidamente le llamaron para decirle lo que había pasado y que habían decidido enviar la pluma a que le hicieran una nueva urna. Después de varios días de espera fue a recoger su pluma dentro de su nuevo expositor, el coste del cual por cierto era el equivalente a tres de sus salarios.

Al regresar a casa le esperaban su mujer y sus hijos, pero el llegó con las manos vacías, decidió no recoger dicha urna. Y cuando le preguntaron porque no la trajo con él , contestó que para que traerla, que solamente era una pluma de avestruz, y abrazó a ambos.

En la vida a veces creamos pilares sólidos que formarán nuestro futuro, a veces su autenticidad solo depende de lo que llevemos dentro, pues tarde o temprano surgirá aquello que realmente nos hace ser mejores, honestos, auténticos. No es malo engañarnos buscando de algún modo que nuestra vida sea mas completa, si eso nos lleva de algún modo a que desaparezca ese mismo engaño temporal para dar paso a la realidad que siempre tuvimos dentro de nuestro corazón.

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