domingo, 16 de mayo de 2010

El entusiasmo


Creer en uno mismo y tener la capacidad de poder transformar las cosas es el entusiasmo. Dejar a un lado la negatividad, aunque por otro lado nada tiene que ver con el positivismo, pues es dar alas a lo que queremos hacer sin pensar tanto en el destino final, es lo que nos impulsa y no el imaginar como serán las cosas cuando lleguemos.

Dos hombres debajo de un manzano pensaron que quería alcanzar una última manzana que quedaba en una rama elevada, uno de ellos se recostó y cerrando los ojos empezó a imaginar como sería tener esa manzana en sus manos, poder morderla y saborearla. El otro hombre se puso a saltar tratando de alcanzarla sin éxito, no pensaba apenas en el sabor de la dulce manzana, solamente quería conseguirla. La diferencia entre el positivismo y el entusiasmo va mucho mas allá en el resultado, aunque uno puede ser ambas cosas y las dos son útiles, el entusiasmo por lo que se hace es realmente el camino del éxito.

La historia data a los griegos como los creadores de la palabra entusiasmo, la cual significaba: “Dios activo dentro de mí”, hoy en día y para los no creyentes puede ser interpretado de modo que la fuerza del universo está dentro de uno.

Rubén Darío escribió en una ocasión: “ No dejes apagar el entusiasmo, virtud tan valiosa como necesaria; trabaja, aspira, tiende hacia la altura”, pues nada que valga la pena se consigue sin la energía que da ese ansia por lograr las cosas.

El entusiasmo es a lo que muchos artistas se refieren como sus musas, es la esencia que nos permite alcanzar los logros, es la lanzadera del amor que nos mantiene erguidos y hermosos mientras abrazamos nuestras ilusiones.

El alma sonríe, y en mi mirada brotó un fuego que lanza oleadas de calor al frío camino de la vida, no siento el peso de equipaje, ni siento el cansancio, solo mantengo el entusiasmo por cada cosa que hago y aprendo.

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