lunes, 26 de abril de 2010

Los tres libros


Una vez conocí a un hombre que solo tenía tres libros y una lámpara, obviamente leía de noche y solo ganaba al día lo suficiente como para comer.

Los había leído más de quince veces y curiosamente me dijo en una ocasión que ninguno de esos tres libros era de origen religioso, lo cual me hizo que me llamara más la atención pues son esos los libros que se leen una y otra vez para obtener alguna fe útil que reivindique la existencia.

No sabía cuales eran las temáticas de dichos tres libros pero un día decidí acercarme a él y regalarle uno de mi biblioteca considerando que de ese modo tendría algo nuevo que leer, algo fresco. Elegí llevarle una lectura de esas que le suelen regalar a uno porque saben que lee, un best seller, algo tremendamente comercial, algo que me había regalado hace meses y no me había dignado mirar.

Solía detenerse en una plaza elíptica a tomar un café con un ligero toque de ron añejo, y cuando la tarde dispuso mis tareas terminadas me acerqué a entregarle mi obsequio con la ilusión sana de cumplir una buena acción.

Me senté con el en aquella diminuta cafetería mientras las última oleadas del calor del sol llegaban a nuestras espaldas, había metido el libro en una bolsa amarilla que dejé al pie de mi silla y quise antes mantener una conversación con él. Después de hablar un rato de temas relacionados con la sociedad y la política me fui dando cuenta que su perfil cultural era mas elevado de lo que yo había calculado, incluso me ayudó a mejorar algunos de mis criterios.

Llegó el momento que no pude evitar preguntarle sobre los libros que leía, y lo sorprendente de su respuesta fue que no conocía los títulos de esos libros ya que eran muy viejos y las cubiertas estaban muy desgastadas. Pero me dijo que uno de ellos le aliviaba el alma cuando llegaba cada día del trabajo, pues en sus líneas hablaba de gente que había tenido unas vidas esplendorosas basadas en valores morales importantes. Otro de ellos contaba historias tristes con personajes apagados, le gustaba a veces mezclar el primer libro con el segundo para llegar a bonitos finales. Y el tercero de ellos era un diario que el mismo había dejado de escribir hace dos años, le gustaba leerlo una y otra vez porque quería algún día escribir un final feliz, pero no podía ya que esperaba que el curso de su vida cambiase.

Le pregunté intrigado que libro le gustaría que le regalasen, su respuesta fue de nueva una sorpresa para mí pues me dijo que debía solo ser algún libro que sustituyera uno de los anteriores.

Aquella tarde se deshizo con el frío de la noche y nos marchamos de aquel lugar, dejando junto a la mesa en el suelo mi bolsa amarilla con aquel libro exitoso, no puede entregarle aquel libro pero a la semana volví a verle y le llevé un libro que hablaba de la vida de una persona que históricamente había sido muy conocida.

Cuando se lo entregué le dije debía leerlo porque era de alguien a quien la vida finalmente le sonrió porque se atrevió a hacer cambios, porque arriesgó rompiendo su rutina, no debe uno anquilosarse y hacer círculos vitales esperando que el final feliz le venga a uno dado por acción divina.

El me preguntó porque libro debía sustituirlo y después de pensarlo durante un buen rato le dije que por los tres

2 comentarios:

Aprendiz dijo...

Bonita historia, hay que ver lo simples que son las cosas y a la vez lo mucho que nos pueden aportar. Un buen libro es el mejor de los amigos en los ratos de soledad.

Un saludo,

Jose Francisco Delgado dijo...

gracias por tu cometario

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