sábado, 17 de abril de 2010

El retorno


El se había marchado de su ciudad hace diez años, tardo dos en llegar a donde quería y llevaba ocho años volviendo. Según la vida avanza uno es capaz de detenerse más en cada sitio y examinar, aprender. Regresaba por el mismo camino por el que se fue veloz pero en su retorno todo era nuevo, cuando uno es joven solo piensa en el sitio al que va, pero uno experimenta el auténtico placer de la vida cuando cada paso es una meta.

Cada noche oscura siente frío en sus heridas, como un recuerdo de los errores cometidos, a veces el dolor es tan intenso que pasa toda la noche con imágenes desordenadas en la mente hasta que el sol le alivia suavemente mientras se muestra hacedor del día.

Nadie podía saber cuando volvería y posiblemente cuando lo hiciera no quedase un lugar que lo acogiera, pues aquello que dejó atrás son las cosas que no resisten el paso del tiempo. Su mejor opción sin saberlo era envejecer en el camino de vuelta, llegar quizás a lo que fue su hogar solamente para morir.

Cuantos nos encontramos en el camino de vuelta buscando aquello que nos hizo felices durante un tiempo, cuantos no hemos asumido que la vida tiene una gran parte oscura que duele, que duele tanto.

No se debe querer volver al lugar donde nadie te recuerda, no se debe querer soñar con paraísos hechos de retales de una vida apagada.

Un día de los muchos en el camino de vuelta, se olvidó de aquel sitio al que quería regresar, se detuvo sorprendido y en el mismo sitio donde quedó construyó una casa con todo lo que había aprendido. Aún hoy no puedo decir si fue feliz, pero pudo serlo aunque fuera por poco.

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