viernes, 5 de febrero de 2010

Sobre la Confianza


Emerson dijo en una ocasión que “La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito”, a partir de ahí, el segundo secreto ya dependerá de cómo seamos cada uno de nosotros.

Saber que uno es capaz de cometer errores es otra de las claves para saber cuales son nuestras posibilidades reales y las metas que nos hemos marcado a lo largo de nuestra existencia, y el reconocimiento de esos errores con humildad nos hará inmensos de confianza.

Pero de todas las formas uno genera la propia confianza en movimiento, es decir, en acción, ya que no hay nada más negativo para superarse y mejorarse que la propia apatía. Debemos crear un ritmo adecuado para nuestros propósitos.

En mi infancia nunca se fomentó el diálogo, no podía existir una escala de grises, todo era blanco o negro, mi vida en aquellos años trató de ser regida por la autoridad tácita e inflexible, por la incomunicación, cuando mis mas humanos pensamientos hubieran deseado el autoritarismo o dicho de otro modo la presencia de una autoridad abierta a las opciones y reconocimientos de los demás.

La confianza es la madurez de saber que uno está hecho de retales de la familia y de la vida, y que todos son asumidos con inteligencia y equilibrio fomentando la forma a la que queremos llegar, dándonos ideas claras y sencillas de lo que somos y dándoselas a los demás.

Como persona afectiva siempre he sido tremendamente confiado, aunque mis afectos nunca fueron dirigidos a la familia porque de ella me vino la falta de emociones necesaria de lo que llamé antes escala de grises, es decir, de la multitud de posibilidades existentes para solucionar los eventos de la vida. Todo era sí o no. Todo era verdad o mentira, y lo cierto es que hay quien sabe vender las mentiras como verdades y viceversa según le conviene en pos de falsas unidades familiares. La confianza debe ofrecer alternativas, y si no se dan esas alternativas nos perderemos en un mar de desconfianzas, y lo peor de todo esto es que pudiera ser para siempre.


La frase “Generalmente ganamos la confianza de aquellos en quienes ponemos la nuestra” atribuida a Tito Livio, deja claro a mi modo de ver que nos se puede en la mayoría de las ocasiones pedir lo que no se da, o en este caso y abundando en el tema lo que no se promueve.

Hoy en día me encuentro confiado en mis intenciones, en mí mismo, aunque por la juventud que tuve hay daños emocionales muy derivados de ella, de los que nunca confiaron en mí o en mis posibilidades, los que tuvieron que generar un caparazón grueso para escapar del simple hecho de confiar o no.

Primero hay que hacerse uno mismo aunque cueste, saber ser lo que se es, y después podremos cambiar el mundo si es necesario, pero sobre lo que no hay dudas es que la confianza en los demás nace por tener la de uno mismo.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts with Thumbnails