viernes, 12 de febrero de 2010

La contadora de estrellas


Ayer al caer la noche invernal en la bóveda de mis cielos encontré una historia cuando menos curiosa pues aunque siempre y en cada instante el mundo nos presenta sus novedades nunca encontré una infantil forma de anotarlas mas graciosa.

Dejaba el día atrás y arrastraba sus cansancios cuando en las escaleras de donde vivo me encontré una niña sentada con una libreta en sus rodillas, tuve que encender yo la luz y me extrañó verla sorprendida como si alguien hubiera entrado en su mundo infante de una manera brusca, su cara se quedo como un plato blanco y los dos ojos en medio y rápidamente de la manera mas educada me dio las buenas noches. A su derecha había una cristalera que llegaba casi hasta el techo y en donde ahora nos reflejábamos.

Le pregunté que si estaba bien, y me contestó que perfectamente y antes de iniciar de nuevo el recorrido y apenas dar dos pasos mas dudé si realmente era cierto, me giré hacia ella y la vi aferrada a su libreta y como esperando que ocurriese algo, la volví a preguntar que si estaba bien pero esta vez añadí a la pregunta el porqué de encontrarse a oscuras y sola. Su contestación fue anticipada de una linda sonrisa que dejaba ver sus dos dientes centrales ligeramente separados, rápidamente tras ese hermoso gesto me dijo: “porque es como mejor se cuenta el cielo”.

Su respuesta me dejó atónito, no solo ya no entendía que estaba haciendo ahí la niña si no que además me resultaba tremendamente intrigante, así que acercándome a ella de nuevo abrí otro interrogante tratando de obtener mas información de lo que realmente hacía ahí la niña. Entonces ella repitió su sonrisa, fue igual que la anterior pero mas larga, y me habló de su libreta, la que sujetaba con las dos manos, me dijo que cada día en el cielo nacen estrellas nuevas y ella las anota en su libreta todas las noches para después ir a contárselo a su madre, la cual es invidente, que a ella le encantaba que le contara los cambios que hay en el cielo porque nunca lo pudo ver, y su padre que viajaba mucho una vez le dijo que era de las cosas mas hermosas que existen.

Cuando terminé de escuchar durante segundos a la niña me encontré mirando su libreta la cual puso frente a mí abierta, había un montón de garabatos y estaba llena de puntitos, todas las estrellas tenían nombre. Pero lo más increíble de todo fue que de nuevo se apagó la luz y pude ver que en la vidriera donde antes nos reflejábamos ahora se podía contemplar la inmensidad del cielo.

Me quedé unos segundos contemplando aquellos lugares tan lejanos de la noche como si nunca antes lo hubiera hecho, después sin decir nada opté por marcharme pero al hacerlo fue a oscuras pues no quería perturbar la visión de la niña y según me marchaba ella preguntó mi nombre, se lo dije, y mientras me perdía en la penumbra de la escalera ella me dijo:

“Hoy le pondré tu nombre a una de esas estrellas”

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