jueves, 18 de febrero de 2010

Caminando


Hay caminos estrechos como si uno anduviera pisando una línea que nunca acaba y otros cuyos bordes son anchos como el mar. Hoy camino por uno fino, muy recto y largo que me llevará a un vergel donde verdes manzanas despertaran mi paladar aturdido por el polvo levantado. Lo más importante de los caminos es que te lleven al lugar donde quieres ir, o que en la aventura de la vida te acerquen a parajes que desconocías de una manera discreta, dejando que la sutil mirada renazca al contemplar cada día que el mundo es mas grande de lo que uno pensaba.

Hoy deje mi aliento en este largo sendero y me crucé con tres personas, las dos primeras iban juntas, parecían una pareja ya desde lejos porque sus pasos iban al unísono, lo mas curioso fue que en la distancia parecían bien jóvenes y al pasar junto a mí eran dos ancianos, la alegría de vivir se ve en la lejanía y solo de cerca uno vislumbra la piel temporal de un rostro vivido.

La tercera persona con la que me crucé fue alguien en cuyo semblante había una sonrisa dulce, no pude evitar detenerme a su lado y preguntarle donde iba, lo bonito en este caso fue saber que los dos nos dirigíamos al mismo sitio aunque fuéramos en diferentes sentidos, así que tras lo grato del momento quedamos en vernos cuando llegáramos los dos. Los caminos de la vida nada tienen de geografía, si no de sentimientos en su muchas y diferentes fases, según en la que uno éste sabrá a donde le pueden llevar.

Tengo un par de botas nuevas para el trayecto de mañana, sabiendo que todo lo que encuentro en mi recorrido lo hallaré de nuevo al final, como si de una siembra se tratase y fuera a recoger sus frutos.

He dormido en el verbo de tus respuestas porque me dejaron sereno, pero despertaré con los interrogantes necesarios para poder saber más de ti, y aunque mañana no te veré nuestros caminos nos acercarán de un modo inesperado al segundo después del que te vi.

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