sábado, 16 de enero de 2010

En la orilla, día veinte


Repasando pensamientos en mi orilla descansada hoy me vivieron a la cabeza escenas de hace muchos años, recuerdo como siendo adolescente decidí comprar por consejo un libro cuyo título me fascinaba del escritor y sociólogo Erich Fromm, un libro que difícilmente exprimiría en aquel momento de la vida, aunque pude asumir muchos conceptos e ideas del mismo.

Lo llevaba en el brazo aún sin haberlo abierto cuando entre con jóvenes amigos en una discoteca del norte de España, ese día fue un sábado loco, de bebida y desmadre, hasta en el mismo recinto se originó una pelea, tras la cual y sin que yo hubiera intervenido de modo alguno me dirigí al servicio en el que encontré a un chico grandote y con la cara golpeada, al verme enseguida y sin detener su micción me preguntó que llevaba en mi mano, le comenté que era un libro, y cuando preguntó el título le contesté “Miedo a la Libertad”, sonrió sintiéndose superior y me dijo: “bonito título, bonita frase”.

Su autor hablaba básicamente de que el ser humano huye constantemente de su propia libertad, sometiéndose a lo ya creado, a los demás o bien siendo autoritario y autodestructivo , si no existe el “yo” como algo puede dañarte, o por otro lado si destruyo yo al mundo nada podrá herirme.

El mejor modo de eliminarse así mismo para defenderse del mundo es creándose y renovándose continuamente, así se escapa de las mil formas que tiene el mundo de someternos a sus miserias o de convertirnos en autómatas sociales.

Cuando dejamos los instintos atrás nos enfrentamos con las decisiones que hay que ir tomando en la vida, las que nos hacen únicos en la existencia, con las que erramos o llegamos a nuestros objetivos.

A veces puedo cambiar en opiniones que ya tenía formadas, creo que eso me hace mejor porque me convierte en el aprendiz eterno, hasta la senectud donde ya solo quiera recitar versos de olvido.

Hoy me encuentro templado ante la inmensidad del mundo, desde la distancia justa como para tener la panorámica de saber que libertad elegir porque todas no las podré tener, de muchas huiré para no sentirme agarrotado y otras tan solo las probaré para decir que las pude vivir.

Hoy tengo el alma descansada del que sabe que es esclavo de sí mismo, que nunca pudieron ser otras las decisiones tomadas cuando de volar se trataba hacia un lugar donde solo aprendería la forma de querer llegar mas lejos aún.

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