viernes, 1 de enero de 2010

En la orilla, día décimo quinto


Hoy camino por las primeras horas del nuevo año, me miro y busco diferencias con los ojos abiertos, miro desde dentro a las extremidades y parece que todo sigue igual.

Pero no es así, sé de nuevos nombres cuya sonrisa me ha aliviado ofreciéndome formar parte de momentos recién llegados, próximos, se han cristalizado conversaciones que me llevarán a medir el pulso del venidero éxito buscado.

Mi año pasó, como el vuelo raso de un ave silvestre rápida y a veces torpe, y ahora creo que apenas lo sentí cuando dejó tanto formado en mí, pero me formó por donde no alcanzan mis sentidos, por la parte que supe retener de otros cuyos sentimientos aprecié.

Dejaré atrás las opacidades de lo adverso, y volveré a las inquietudes que me dan esperanza y que me hacen amar la vida, a las nuevas voces que me llaman desde los que a mi se han acercado estos días.

“Ad bonis ad meliora” he decidido escribir en la placa de bronce de mi presente, es decir “de bueno para mejor”, y ese ha de ser el lema que me libere de las tardías respuestas, de las distancias y lo que pudo llegar a confundir.

¿Serás tú mi gran amor? Con tus gracias de nervio delgado y tus prisas acompasadas, con tus idas y venidas a la orilla de mis días, ¿seguirás avanzando por donde no hay camino mostrado? y lo harás hasta mis brazos que tanto tiempo estuvieron cerrados.

No se si sabré de ti en las tardes que vengan, pero cuando lleguen estaré despierto y esperando paciente en este nuevo año. Sabré de tus virtudes, solo de ellas, aunque sea mientras dure el sueño.

Cuando hayas ganado la libertad de ser tú, podrás mostrarte antes quienes te aman sin haber nacido a tu lado, ante aquellos que hoy te olvidan si andas descolorido.

De nuevo avanzo por un nuevo año que me traerá mil derrotas y una victoria, y espero con aquellos que rodean mi vida, poder hablar de las derrotas y celebrar la victoria.

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