miércoles, 13 de enero de 2010

En la orilla, día décimo noveno


En mi orilla hoy el blanco de la arena se fue a la espuma del mar, y casi sin daltonismo alcanzo a verla azul como una playa de celeste brillo que me da la renovada esperanza en los días que se acercan.

He convertido las anclas oxidadas que desde mi pecho me ataban a un punto en el mar, en pasos firmes hacia los páramos de los nuevos sueños, donde se fletan barcos de velas de cristal a las que el viento no se entrega, si no la luz del sol que se acerca, del que llevas impregnado en las alas del destino.

Hoy hablé con alguien de un beso, y me preguntó cual es el mejor de todos ellos, le contesté que es aquel que al juntar los labios uno siente el latir del corazón del otro a través de su fina piel, al menos el beso empieza así, después se abre hacia el olvido del lugar donde uno está.

Y de besos perdidos tengo habitaciones llenas, dónde los imaginé, donde los escuché, o donde los creo para la mano de la amada que hoy mira distraída otra orilla, de todos mis tesoros ese es el mayor, y aún soy novicio en el arte amatorio si no he hallado quien requise dichos tesoros para sí.

Hoy he recibido una semilla de felicidad, diminuta pero llena de mí mismo, crecerá y será tan fuerte su tronco que nunca más una rayo hará astillas de su corteza, y de sus frutos agua de azúcar rebosará al primer mordisco, en su sombra extensa meceré mis descendientes mientras escuchando su llanto de recién nacido nombro tu rostro como el mas bello.

Ya no escribo comedias con la sangre de mis dedos, ni tiño mis noches de la amargura de tus noches, ahora soy el mismo que fui siempre para darme al abrazo de quien me encuentre avenido y pletórico con la natural forma de mi sonrisa, de saber de un amor benigno que no deje secuelas amorfas y si entregue en cada gesto la sincera humildad de aceptar lo que uno es.

Mi bien no está escrito en el olvido de tu recuerdo, lo está en el maravilloso equilibrio humano de saber encontrar dentro de uno mismo lo que nunca nadie te puede dar, la esencia de tu vida alumbrada por los objetivos que te van formando y haciendo mejor.

Hoy soy mejor porque me entrego a la vida, gritando hasta que mi garganta se rasgue de emoción, porque mi amor a lo que soy es parte de lo que un día daré.

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