sábado, 2 de enero de 2010

El rapto de "Les Choristes"


En el siglo diecinueve en Francia surge un pintor y escultor llamado Hilaire-Germain-Edgar de Gas dándonos una visión extraordinaria del mundo del ballet de aquella parisina época, y lo hacía en unas sensacionales obras al pastel, rápida pintura que se extiende sobre lienzos de alto gramaje nunca blancos, pero dónde el consiguió que sus bailarinas lucieran los tutús con ese color como nadie lo ha hecho.

Y en estos días han sido “raptadas” ni mas ni menos que “les choristes” del Museo de Orsay en París, una obra de tan sólo 32 centímetros por 27 de genialidad y según los medios, valorada en 800.000 euros.

No se sabe aún quien fue el captor, pero si se deduce que fue ayudado por alguien de dentro del mismo museo, muchas de estas obras en el momento que la pista queda fría quedan ocultas en los mercados del arte privado durante muchos años, si es que vuelven a aparecer.

Esta es de esas obras que son como una buena novia desquerida, es decir, se las echa más de menos cuando sabes que ya no están.

Las carreras de caballos y los desnudos femeninos fueron sus temas mas preciados, buscando el movimiento en unos y la delicadeza de las formas en los otros. Fue un pintor que soñaba con una vida privada llena de cosas bellas, aunque los tiempos que vivieron estos artistas eran de deudas y dificultades, por ello quizás tuvieron que hacer que su obra fuera mas pública.

Nuestro mundo hoy se funde con el arte de museos eternos, de siempre, con el de exposiciones trampolín para pintores de fama local, y con el retorcido mundo de la evasión de impuestos, eso sí, con mucho disimulo a través del arte, de una vana intención de mecenazgo.

Fuera ladrón de guante blanco o no, desde luego nos ha privado algo que nos da igual para nuestro día a día, pero que es un tesoro para todos, y ya depende entonces que queramos o no estar en el grupo de todos, que nos afecte mas la sinuosa y viperina subida constante de la luz en nuestro país o el amor al arte. O tal vez seamos de ese tipo de personas que nada nos importa, o del otro, del que ambas cosas son importantes.

Miren el cuadro, aunque sea por un instante y después díganme si les traslada a aquella época desde el primer momento de contemplarlo o no, yo desde luego me siento como aquel que dese atrás en la pintura y al que el rostro no le vemos alza su espada enardecido posiblemente buscando que se haga justicia.

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