miércoles, 30 de diciembre de 2009

Llegaron las doce



Llegan las doce, las de la media noche, las que dan gozo a las creencias de las matemáticas, las que terminan y comienzan un año de nuestra vida.

Días antes hemos planeado con quien estaremos y contaremos esos doce segundos tan definidos, tan exactos donde uno contiene muchos sentimientos e ilusiones, donde se llena la boca uno de los frutos de las vides y pierde la elegancia si la tuvo.

Veremos un nacimiento o quizá dos, el del nuevo año y el del nuevo recuerdo arrinconado en la memoria colectiva de un número marcado, soñaremos con propósitos mientras los últimos polvorones son deshojados, mientras la casita de caramelo donde vivimos estos días se deja comer hasta el final.

Y después con los labios del espumoso vino repartiremos burbujas de aliento en los besos de familiares e invitados, sonarán matasuegras que nunca afinaron estridentes en nuestros oídos y seremos parte del júbilo elegido para esa noche.

Las calles se llenarán de sirenas de escamas doradas que con tacones altos buscan reinar en alguna fiesta, y de hombres posados y desgarbados para la elegancia fugaz de ser el rey de copas de la nocturna cita.

Mi amante se cubrirá de destellos, y dejará en sus muslos un camino de seda a la dulce puerta del palacio del deseo, me dormirá por instantes mientras me cubre la boca con el calor de la suya, y seguiré cerrando los ojos en el beso de su sabor.

Se cenará tarde, se tomara el postre a las doce, y se celebrará mas tarde por muchos, por los sanos y joviales, por los infundidos al alboroto, por los enmascarados ardientes que esa noche sobrepasan sus límites, por los escotes de ávidas damas que nos muestran su regalo de fruta dulce y madura.

Noche eterna llena de monstruos y paladines, noche de amor al recuerdo de la vejez, a la añoranza de otro lugar o de otra alma que no está.

Noche de todos, de apuros, de llegar a verte cuanto antes, de llanto para el sensible, de resaca comenzada.

Llegarán las doce, y llegará el frenesí, pondremos el nuevo calendario siempre más bonito que el anterior, y comenzaremos de nuevo a contar, a buscar nuestras fechas, nuestros números.

Y uno siente cuando llega el nuevo año que dejó una carga atrás, un lastre depositado en otra habitación, una maleta de cosas desqueridas, con el interés de asegurarlas en el pasado, y renueva su sonrisa llameante hacia un año de ser mayor, de ser mas sabio, de superarse.

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