sábado, 5 de diciembre de 2009

En la orilla, séptimo día


Ando por un sendero que multiplica sus paisajes según camino, que me deja ver muchas cosas y otras me las oculta, un sendero que busca el pragmatismo del concepto de la verdad que tenía Unamuno, el de su utilidad.

Silvio Rodríguez canta en una de sus canciones "hasta dónde hemos de practicar las verdades", me encanta esa canción, y las verdades las practicamos hasta que sentimos dolor, hasta que descubrimos aquello que nos hace feliz, o hasta decidimos no saber.

Y esa última es la mía, la de no saber, la de no buscar, porque no importa en determinadas ocasiones la verdad, y digo en determinadas ocasiones, que ciertamente son pocas.

En este umbral de la realidad he decidido girar la cabeza hacia donde estas tú, preguntarte y creerte, asumir tu verdad como algo que existe y no buscar otra verdad en alcobas engañosas o en callejones sin salida, bebo de tu verdad pero bebo de ella hasta que me envenene y note que se me va la vida.

Mi verdad es mi espejo, es lo que me hace sentir mirarte a escondidas y ver que eres perfecta aunque sea solo para mí, mi verdad es tu beso o tú saludo, o quizás tú recuerdo.

Me voy completando y me alegra verme imperfecto, maravillosamente imperfecto para buscarte y darte la oportunidad hacerme mejor, de romper los sueños elaborados de esperanza, sentarme a tu lado y conversar con tu mano en las mías, con la verdad de todos, la nuestra, la que cada día creamos, porque esa verdad es la que nos dará un futuro mejor.

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